Jueves, 20 Octubre 2016 21:25

CONTAR UNA HISTORIA Destacado

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Gilmar Reynaldo Gonzales / LaPaz

Cuando decimos que tal producto es político, qué estamos diciendo? O sea una película, un libro, ideas, etc. ¿A qué nos referimos? Cada vez la respuesta creo, cambia de sujeto. Por ejemplo cuando hablamos de cine podemos hablar digamos de formas de representación. Cómo una forma en específico puede cambiar por un lado algún paradigma en cómo vemos, y cómo esto se traduce en un desnudar alguna forma de producción como obsoleta.

 

Entonces podemos decir que un quiebre mental puede tener repercusiones laborales. O sea si de repente todos pensaran: “No hay que volver a usar actores en las películas nunca más”, o “vamos a dejar de sobreiluminar como retrasados”, o si de repente el rol de Director de Arte desapareciera, el mercado laboral terminaría inevitablemente siendo otro.

 

Digamos los optimistas tienen como ejemplo de resonancia política de un movimiento estético, al neo realismo. Por cómo se le plantó al cine comercial, e hizo dudar por algún tiempo que todo todo todo iba a cambiar. Que Hollywood nunca volvería a ser el mismo. Pero todo movimiento revolucionario digamos, se petrifica, pierde sentido, y de alguna forma termina absorbido por el sistema. No es coincidencia que Hollywood tenga como estandarte de su apertura actual a directores mexicanos que juegan con los planos largos larguísimos, que traen propuestas de corte contemplativo, o en apariencia contemplativo, -la sobre bastardizada influencia de tarkovsky-; no es coincidencia digo que estas producciones sean a) tan políticamente correctas y b) espectaculares. Rescatar de los planos largos su faceta más espectacular es una tendencia de siempre en el cine gringo.

 

Podemos hablar también de lo político de un festival, y así en infinitas capas, jodido.

 

Digamos ahora está dando el alucine. Y así como el radical, ha llegado con más de una línea. Es decir que de la maraña de actividades que presupone un festival de cine (además: uno en competencia con otro festival de cine… o sea dos festivales de cine) brota más de un hilo por el cual adentrarse al hecho de ver cine, de hacer cine, de ver la producción, de hacer producción.

 

Sólo en este anterior párrafo ya tenemos varios datos políticos, en los cuales la imagen y la producción de imágenes están participando en el mundo. 1. Dos festivales con sus públicos. 2. Dos nociones de proponer educación 3. Diferentes tradiciones cinematográficas, conviviendo no solamente en un mismo pueblo, sino en un mismo festival. 4. Una mala coordinación de fechas entre dos equipos organizativos. En fin. Propuestas. Puntos de vista encontrados.

¿Y qué hacemos con ver eso?

 

El libro que se está publicando en el marco del segundo festival alucine, “Contar una Historia” de Jean Claude Carriere, es uno de los hilos que el mismo está proponiendo. Insisto en esta idea de los hilos, porque en particular éste, el del libro, pertenece a una tradición diametralmente opuesta a la que está presente digamos en la selección de películas del alucine.

Estos dos hilos apuntan a esa cosa sin nombre que es el lenguaje por imágenes. Obviamente van a estar de acuerdo en muchas cosas. Pero las diferencias son importantes.

Raconter une Histoire.

Godard se pregunta: ¿Decir raconter no es como decir recontar? Qué es recontar. Tal vez entre la pregunta (¿qué es recontar?) y la traducción (contar nomás), esté el intervalo entre novela y cuento.

 

Incluso entre tradiciones educativas de cine.

 

A ver me explico, porque es simple, pero medio enmarañado.

 

Porque contar una historia no es lo mismo que recontar una historia. Hay un ensayo de Walter Benjamin que se llama “El Narrador”. Su traducción es también dudosa. Porque un narrador puede recontar, pero un “erzähler” –así lo pone en alemán- para nada. Un “erzähler” es más como un cuentacuentos digamos.

 

Los cuentacuentos, dice Benjamin y parafraseo, son una especie en extinción. Ya no se comparten las historias, el hombre vuelve callado de las batallas. Hay un esceptisimo frente a los valores, frente a la verdad. Cualquier logro, de cualquier personaje, es ridículo. Es la novela. Es el tiempo. El tiempo lo destruye todo, y no así cronológicamente, sino a través de su misma existencia.

 

Podríamos estar en la eternidad, y de todas formas el tiempo está socavando. El tiempo rey del carnaval…

 

Al contar se da cuenta de los sucesos...

 

Al recontar se da cuenta del tiempo. Los que creen que el cine ha inventado esto hablan de ficción y no-ficción.

 

Un pirata contado es un pirata. Pero un pirata en el tiempo es un huevón disfrazado de pirata. Ya Velásquez usa esa idea hace siglos. Su Baco está tan bien pintado que es un huevón disfrazado de Baco, bien incómodo. El tiempo entrando incluso en el mundo sin tiempo para hacer de las suyas.

 

La traducción a “Contar una Historia” que se ha hecho del libro de Carriere, sin embargo, le va muy bien al autor y al contenido del libro. Los cuestionamientos que Carriére se hace sobre su oficio, son los cuestionamientos de un cuentacuentos. Investiga mitos, epopeyas, cuentos populares, analiza las fábulas de las novelas, y busca la forma en la que un personaje puede estar bien delimitado.

 

Habla de la inspiración. De la forma en la que él busca historias. Habla de la novela como si fuera lo mismo que una epopeya. Los personajes como héroes.

 

Carriere adaptó muchas novelas al cine, o sea a guión. Y me parece que su obra entra dentro de lo que se podría denominar: adaptaciones de novelas a un sistema industrial. Su arte, como adaptador, ha consistido en destilar todos los elementos narrativos de una forma de arte por definición no narrativa (en el sentido de cuenta-cuentos) y decantarlos a una forma esencialmente narrativa (el cine industrial). Es a partir de sus adaptaciones que podemos decir: la historia de “la insoportable levedad del ser”, o la historia de “el tambor de hojalata”.

 

Hoy en día parece que las diferencias serían insalvables. Abogar por ser un cuenta cuentos parece ser una actitud de lo más inocente frente a los descubrimientos que se han hecho en el cine moderno. El alucine tiene así una selección bastante crocante en cuanto a “lo más nuevo” en materia de lenguaje. La de Godard 3d sigue en mi cabeza, y las que ya vi de la selección te rompen los nervios sensibles del cerebro.

 

Pero contar una historia digamos.

 

Muchos cineastas, directores, equipos, productores están apostando por su cuento, o sea en esta nueva camada de cine boliviano. El cine es un arte popular finalmente. ¿Por ahí va lo político de contar historias?

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