Viernes, 25 Noviembre 2016 03:28

OPERAR EN UNA BIENAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Destacado

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Diego Aramburo (*)
 
 
La idea del artista inspirado de la época del romanticismo felizmente fue sustituida por la del hacedor consciente, el cuestionador de su medio expresivo e investigador de sus obsesiones y contenidos.
 
Eso permitió que los lenguajes artísticos se expandieran sin nunca ir en detrimento del rigor creador ni del acabado de la obra, sino, por el contrario, exigiendo una total coherencia procesual que deviene en consecuentes resoluciones orgánicas, plenas de sustento teórico y práctico, y con particularidades propias a la hora de ofrecer el objeto de arte.
 
 Quizás es esta premisa y este pre-requisito lo que devolvió, para bien, a los artistas al ámbito de los talleres de trabajo, de búsqueda y comprensión; conformó equipos de investigación y experimentación, y generó dinámicas dialógicas en colectivos artísticos y entre creadores y curadores. Quizás esto es lo que actualmente permite detectar a un verdadero artista a diferencia del que resulta tan sólo un ingenioso creador o un trabajador de la forma o un esteta.
 
Quizás por esto muchos de los artistas actuales rehúsan el viejo pedestal desde el cual el artista se mostraba, mostraba su (in)genio creador y su creatura y hasta se permitía que la misma dictara cómo pensar y actuar en relación a determinado tema, temática o evento. 
 
Felizmente. el arte vuelve a diferenciarse del entretenimiento y la demagogia.
 
 Preguntarnos, entonces, cómo opera un artista en la actualidad, es preguntarnos también cuál es su relación con su propio proceso creador a lo largo de los años, con sus enunciados (artísticos) y con el lenguaje que usa de soporte; cómo y dónde se inserta ya a nivel del ineludible concepto de "mercado cultural” y sus instancias, estructuras e institucionalidad; cómo lidia con su propia necesidad de seguir en pié, en el sentido más mundano y en el de seguir expresándose a través de algún(os) lenguaje(s) artístico(s); y cómo se reinventa y da continuidad a su opus sin traicionarse. En definitiva, cómo se logra existir, finalmente, como artista.
 
 El diálogo más consciente posible, en las circunstancias actuales, es aquel en el que uno calla lo suficiente para poder oír todo lo que le permita seguir teniendo voz.
 
Esta máxima parece hacerse crucial en un carnívoro movimiento global de las artes, que cada vez busca detectar más tendencias para poder "colocar productos en el mercado”; crucial al menos para la supervivencia del artista como tal -y no como un reproductor en serie de su propio modelo estético, casi fórmula creativa, cuasi inminente prisión denominada "estilo” y callejón sin salida en la búsqueda de la expresión y el lenguaje-.
 
 Entonces, el laboratorio y la instancia de diálogo se abren como alternativas de trabajo hacía una búsqueda distinta, una profundización del trabajo y la indagación personal en la que el uno y el otro se hacen a la par. Y es ahí que encuentra su mayor sentido la propuesta de la bienal SIART  2016.
 
 (*) Es dramaturgo y director de teatro.
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