Viernes, 25 Noviembre 2016 03:38

ECOS Y VISIONES TRASVERSALES EN LA BIENAL DE BOLIVIA Destacado

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La Bienal Internacional de Arte de Bolivia pone en primera línea su vocación de diversidad, llevando como bandera su conexión con las culturas indígenas, pero haciéndonos reflexionar sobre cuestiones universales

 

JOSÉ JIMÉNEZ

 

En este mundo de comunicación global, de cultura cada vez más homogénea, ¿queda aún espacio para la comunicación transversal entre distintas comunidades y tradiciones culturales, manteniendo la especificidad y la diferencia entre cada una de ellas…? Eso es lo que propone, como objetivo, esta Bienal de Arte a través de propuestas artísticas provenientes de 27 países diferentes.

Es altamente significativo que esta Bienal tenga lugar en Bolivia, una nación en la que conviven 50 comunidades indígenas diferentes, y en la que por ello el signo de la pluralidad cultural es un rasgo decisivo. Organizada por la Fundación Visión Cultural, la Fundación Cinenómada para las Artes, el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia y el Gobierno Municipal de La Paz, la Bienal cuenta con el apoyo de numerosas instituciones, empresas y centros culturales, entre los que se encuentra el Centro Cultural de España en La Paz.

 

El planteamiento es sumamente ambicioso. Además de las distintas secciones específicas de artes visuales que tienen lugar en La Paz, en el ámbito de la Bienal se incluyen un Congreso Internacional de Arte, diversos talleres, el Festival Internacional de Cine «Alucine», un programa de Arte y Gestión Cultural y otro Pedagógico, así como una serie de actividades con el título «Sendas de expansión», en las ciudades de El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba. Con esta última sección de la Bienal, que considero de sumo interés, se intenta una conexión entre zonas urbanas y zonas rurales, que el evento sea, en palabras de su Curador General, Joaquín Sánchez, «para todos los bolivianos», una Bienal inclusiva.

 

 

Abierta y diseminada

 

Las actividades de arte que tienen lugar en La Paz comprenden nada menos que cuatro exposiciones a cargo de la Curadoría General de la Bienal, quince de curadores invitados, la exposición del Concurso Internacional convocado por la Bienal, una excelente exposición monográfica de la artista boliviana Narda Alvarado, y todo un conjunto de actividades que incluyen numerosas «performances», danza, proyectos especiales e incluso una caminata concebida como acción. Entre las exposiciones a cargo de curadores invitados es oportuno mencionar la que, con el título «Lo que no vemos», está a cargo del artista español Francis Naranjo. En la misma línea, y en el Centro Cultural de España, se presenta «Cibergeografías», en la que interviene como curador el también artista argentino, que vive en España, Gustavo Romano.

 

Esa proyección tan sumamente abierta y diseminada de la Bienal, constituye, en mi opinión, su aspecto menos positivo. Se echa en falta una mayor concentración y una mejor articulación, como unidad, de las propuestas artísticas. Mucho más en una nación como Bolivia, donde en la actualidad no hay estudios de Artes ni de Historia del Arte, y en la que el arte contemporáneo, sin museos ni centros específicos, tiene muy poca implantación. Sin embargo, la intensidad conceptual y estética de la Bienal permite considerar esta cita como un signo de inflexión, como un punto de partida, hacia un horizonte de despliegue de las prácticas artísticas, que en las siguientes bienales y propuestas educativas debería situar el arte en el lugar destacado que le corresponde como proceso de formación y de proyección de los seres humanos a través del espejo sensible de la representación.

Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite escenarios diferentes en la plasmación de la imagen

En la Bienal se han integrado «rutas» de las constelaciones aymara y guaraní. Y, en concreto, su lema conceptual y estético: «Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades», tiene raíces étnicas profundas, proviene de un pensamiento guaraní, en el ámbito de prácticas ceremoniales y artesanales tradicionales. Pero, de ahí, se propone su aplicación en el arte de nuestro tiempo, «escuchando» las temporalidades simultáneas sumergidas en los estratos históricos, y explorando «los diferentes tiempos que existen en el tiempo”» Y todo ello a través de un despliegue de las obras y propuestas que discurre en tres líneas de atención: cuerpo, comunidades, memoria.

 

¿Responden a esas cuestiones las diversas propuestas que podemos ver en la Bienal…? En términos generales, sí. La presentación en el mismo ámbito de obras y acciones de artistas provenientes de esos 27 países tan diversos: Alemania, Angola, Bolivia, Brasil, Gabón, Canadá, Camerún, Colombia, Cuba, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Grecia, Guatemala, Italia, Kenia, México, Mozambique, Noruega, Paraguay, Perú, Senegal, Sudáfrica, Turquía, Uruguay y Venezuela, permite recorrer un «mosaico» del mundo con sus ecos y temporalidades diversos. Un mosaico que va más allá de las pautas fijas de la escena artística internacional establecidas desde el «primer mundo». Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite transitar por escenarios diferentes en la plasmación de la imagen.

 

Unidad y diversidad

 

Otro aspecto sumamente relevante, es el carácter multimedia de todas las propuestas: representación plástica, escritura y textualidad, vídeos, instalaciones y «performances», se integran en unidad expresiva, en diferentes variantes, algo que sin duda constituye un rasgo decisivo del arte de nuestro tiempo. Y otro elemento a destacar es la consistencia e intensidad artística de la mayor parte de las propuestas, algo debido sin duda a la atención que los distintos curadores han prestado a cada una de ellas en concreto.

La dispersión de muestras y actividades hace prácticamente imposible en el marco de este artículo una consideración particular de cada una de ellas. Sí conviene destacar, en todo caso, la presencia de nombres destacados de la escena artística internacional, como Francis Alÿs (México), Alfredo Jaar (Chile), Juan Castillo (Chile/Suecia), o Teresa Margolles (México). Esta última artista ha presentado una sugestiva obra, de alta intensidad moral, una «performance» realizada con la colaboración de bordadoras de La Paz, en la que éstas bordan una sábana en la que fue envuelta una mujer allí asesinada.

Las actividades de «Sendas de expansión» en El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba conectan zonas urbanas con zonas rurales

Entre los artistas españoles presentes, es importante resaltar el alcance de la propuesta poética y visual de Dionisio Cañas, o la dinámica e impactante instalación lumínica de Francis Naranjo, con el título «Mi vida es la luz» (2012-2016), en la que nos vemos envueltos en una especie de bombardeo de haces luminosos de colores que ponen en movimiento nuestros ojos y nuestro cuerpo. La fotógrafa Isabel Muñoz, en su exposición personal «Álbum de familia», reúne una serie de imágenes, magníficas, de nuestros antepasados los primates. Así mismo, es preciso destacar cómo en la muestra «Ciberfotografías», antes aludida, podemos adentrarnos en un amplio mapa de la escena internacional del arte cibernético.

La instalación de fotografías y vídeos de la artista chilena Nury González es destacable por su forma de mostrar los inevitables desplazamientos de la humanidad. En ella, el vídeo «Exilios» (2013) nos habla de una constante, de evidente actualidad en estos momentos. Otros dos artistas chilenos: Coco González y Antonio Guzmán, integran textos e imágenes, en soportes abiertos a la participación de los públicos, en «Los sonidos de las letras». Y la neozelandesa Fiona Clark nos sitúa en la sexualidad transgresora en su vídeo-instalación «Reina blanca/Reina negra» (2016). Junto a todo ello, llama poderosamente la atención el gran número de artistas jóvenes, entre ellos numerosas mujeres, lo que nos permite apreciar que el futuro del arte está de verdad abierto, y que el protagonismo femenino irá alcanzando sin duda la intensidad que merece.

 

Unas palabras, por último, sobre el «escenario» de la Bienal. En un ámbito como La Paz, ciudad caótica y a la vez llena de dinamismo, de fuerza vital, donde por su ubicación en una gran hondonada, entre cerros, todo es subir y bajar, el arte acentúa su registro como expresión de la condición humana. Esta Bienal abre nuestra sensibilidad a la comprensión de que ese proceso contínuo de subidas y bajadas, en las que vamos recorriendo las obras, expresa –más allá del inevitable «mal de altura»– quiénes somos, dónde estamos y a dónde podríamos ir. En definitiva, ecos y visiones transversales de temporalidades diversas, que, desde abajo, a través del buceo en la memoria, nos permiten fijar las líneas expresivas de nuestro cuerpo y nuestros ámbitos de vida en común.

 

«Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades». Bienal Internacional de Arte SIART 9, Bolivia

Curadoría General: Joaquín Sánchez, Directora: Norma Campos. La Paz, Bolivia. Hasta el 11 de noviembre de 2016

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