Aprovechando la visita de la intelectual boliviana Silvia Rivera Cusicanqui a Córdoba, Fabiana Bringas en el programa radial Bajo el Mismo Solle realizó una entrevista. La socióloga nos explica cuáles son las posibilidades que tenemos para descolonizarnos.

 

Silvia Rivera Cusicanquies una destacada socióloga e intelectual boliviana vinculada al Movimiento Indianista Katarista, al Movimiento Cocalero. Una de las fundadoras del Taller de Historia Oral Andina. Es autora de varios libros, participó de películas y es docente universitaria jubilada de la Facultad de San Andrés de La Paz. En su paso por Córdoba el programa Bajo el Mismo Sol de Radio Nacional habló con ella.
La socióloga actualmente participa de un grupo anarquista. Son autogestionarios, tienen una casa que construyen con sus propias manos y un huerto. Dan cursos, hacen recitales y apoyan algunas movilizaciones en Bolivia. No ha sido solo una intelectual y pensadora, siempre ha estado atravesada por las luchas territoriales y ha sido pragmática.

Identificación y descolonización

Según la socióloga, “descolonización” -término al que ella se refiere a lo largo de su producción académica- se ha vuelto una palabra “mágica”, tal es así quelo abarca todo y al mismo tiempo nada. Ocurre algo peligroso aquí, señala, la tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.

La tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.

Por otro lado, señala que no le gusta referirse a “Identidad”, prefiere hablar de “Identificación”, ¿con qué nos identificamos?, porque “identificarse es un proceso, en cambio identidad es como una camiseta o un tatuaje que uno no se lo puede quitar”. A lo largo de la vida estamos atravesados por diferentes identificaciones, algunas más fuertes que otras. En relación a los dos conceptos, Rivera Cusicanqui se “identifica” como una “mestiza que busca una descolonización de su propia subjetividad”.

Europa como norte

Actualmente, el problema que ella detecta es que estamos inmersos en una “crisis planetaria”. “Esos referentes que parecían hegemónicos, que parecían incuestionables, se han empezado a desmoronar”. Ahora los europeos están enfrentando lo que ella denomina, “la otra cara de la dominación”, consecuencia de la polarización que ellos mismos generaron para sostener sus propios privilegios.
Rivera Cusicanqui entiende que si dejamos de mirar a Estados Unidos o a Europa, y nos detenemos en América Latina, vamos a ver que somos fuente de una mayor resistencia y tenemos herramientas para poder hacer frente a una crisis. La socióloga afirma que “hoy estamos viviendo un proceso de capitalismo salvaje, de saqueo sin límites”, el sistema productivo extractivista, la minería a cielo abierto, el fracking, todo lleva a un “callejón sin salida, seguir mirando a Europa es apostar por una especie de suicidio colectivo”.
El problema es “de sentido común” cree ella, no se puede seguir malgastando y acabando con los bienes comunes. Actualmente hay una eclosión de movimientos indígenas, que empiezan a identificarse con sus ancestros y sobre todo con la tierra, se dan entonces dos procesos, la “recuperación de la espiritualidad” y la “politización de la etnicidad”, no etnicidad vinculada al folclore o al turismo, ambos muy positivos.

Patriarcado

Silvia Rivera Cusicanqui también se ocupa de repensar en relación al Patriarcado. Lo define como un “complejo de centralizaciones”, se ha centralizado el conocimiento en Europa y se ha generado el etnocentrismo, se ha centralizado el derecho a la palabra y al pensamiento en Europa y se ha dado el “logocentrismo”, se ha centralizado la noción de cultura y civilización en el colonizador. “El androcentrismo es parte de ese complejo colonial”,la solución que plantea la socióloga es “descentrar todo”.
Por otro lado y más allá de ser el patriarcado un “fenómeno planetario”, esto no ha señalado un camino común para el feminismo, “hay tantos feminismos como culturas”. Ella cree que estamos en el proceso de “encontrar y formular un ideal de convivencia y equilibrio que no supone borrar al otro ni privilegiar a uno de los dos polos”es más bien “andar parejos”.
El Antropocentrismo va de la mano con el androcentrismo. Ahora, hay toda una revolución epistemológica en relación a los movimientos indigenistas, y se empieza a reconocer a otros sujetos y que además tienen derechos. Los animales, los vegetales, la pachamama son reconocidos como sujetos de derecho, es el comienzo para superar el antropocentrismo definitivamente.
En relación a los gobiernos que llegaron al poder en América Latina, con un discurso progresista, Rivera Cusicanqui habló de “discursos” que no tienen correlato en la práctica. Entonces pasa a ser un discurso que tiene la función de encubrir lo que se hace en la práctica.

Hay tantos feminismos como culturas

“Nunca antes se ha violado tanto a la naturaleza en Bolivia, como a partir de este gobierno”, afirma en relación al gobierno de Evo Morales. A partir de estos discursos indigenistas que tapan las verdaderas intenciones y que significan además un “deterioro de la palabra pública”.

La salida

Silvia Rivera Cusicanqui no ve la opción de salida a nivel macro, tampoco una salida inmediata. “El inmediatismo es un típico gesto de la clase media, la impaciencia”. “En cambio la resiliencia, la resistencia, la paciencia que han tenido poblaciones mucho más pequeñas, más valientes y mucho más sabias, nos pueden mostrar otro camino”.
La socióloga aclara que además, no es correcto pensar que las acciones de sujetos van a significar grandes cambios.Hay que ejercer la micropolítica, “crear pequeñas comunidades de afinidad con afiliación de orden emocional y racional” y a partir de estas, tejer redes.
“Comunidades y redes nos van a ayudar”, son los elementos claves para sobrevivir a esta coyuntura. De igual forma, todo está dado por ciclos, actualmente estamos en un “mal ciclo” pero “no es el fin del mundo”. Afirma que “hay que mantener la brasa viva para que pueda otra vez, encenderse el fuego”.
***
Silvia Rivera Cusicanqui se encuentra por estos días en Córdoba, para participar en diferentes espacios. Primero estará el jueves 15 de septiembre en Ciudad Universitaria. A las 19 hs. en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba estará dando una conferencia,“Heterogeneidad y tiempos mixtos”, invitada por el Doctorado en Estudios Sociales Agrarios, en el Aula C7 de las Baterías C.
El sábado 17 de Septiembre participará en laIV Jornada de Aprendizaje y Desaprendizaje Autónomo. Desde las 15:30 hs en el Espacio Social y Cultural Caracol – FOB Regional Córdoba, estará hablando sobre las “construcciones autónomas y luchas antipatriarcales en Abya Yala”.
Imagen de tapa gentileza de la fotógrafa Adriana Araya
[Fuente: http://latinta.com.ar/]

Aprovechando la visita de la intelectual boliviana Silvia Rivera Cusicanqui a Córdoba, Fabiana Bringas en el programa radial Bajo el Mismo Solle realizó una entrevista. La socióloga nos explica cuáles son las posibilidades que tenemos para descolonizarnos.

Silvia Rivera Cusicanquies una destacada socióloga e intelectual boliviana vinculada al Movimiento Indianista Katarista, al Movimiento Cocalero. Una de las fundadoras del Taller de Historia Oral Andina. Es autora de varios libros, participó de películas y es docente universitaria jubilada de la Facultad de San Andrés de La Paz. En su paso por Córdoba el programa Bajo el Mismo Sol de Radio Nacional habló con ella.
La socióloga actualmente participa de un grupo anarquista. Son autogestionarios, tienen una casa que construyen con sus propias manos y un huerto. Dan cursos, hacen recitales y apoyan algunas movilizaciones en Bolivia. No ha sido solo una intelectual y pensadora, siempre ha estado atravesada por las luchas territoriales y ha sido pragmática.

Identificación y descolonización

Según la socióloga, “descolonización” -término al que ella se refiere a lo largo de su producción académica- se ha vuelto una palabra “mágica”, tal es así quelo abarca todo y al mismo tiempo nada. Ocurre algo peligroso aquí, señala, la tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.

La tendencia es pensar que la colonización sólo afecta a los indígenas. Cuando en realidad, “los más afectados son los mestizos”, hasta el colonizador tiene que descolonizarse porque está en una relación de poder “ilegítima, espuria y violenta”.

Por otro lado, señala que no le gusta referirse a “Identidad”, prefiere hablar de “Identificación”, ¿con qué nos identificamos?, porque “identificarse es un proceso, en cambio identidad es como una camiseta o un tatuaje que uno no se lo puede quitar”. A lo largo de la vida estamos atravesados por diferentes identificaciones, algunas más fuertes que otras. En relación a los dos conceptos, Rivera Cusicanqui se “identifica” como una “mestiza que busca una descolonización de su propia subjetividad”.

Europa como norte

Actualmente, el problema que ella detecta es que estamos inmersos en una “crisis planetaria”. “Esos referentes que parecían hegemónicos, que parecían incuestionables, se han empezado a desmoronar”. Ahora los europeos están enfrentando lo que ella denomina, “la otra cara de la dominación”, consecuencia de la polarización que ellos mismos generaron para sostener sus propios privilegios.
Rivera Cusicanqui entiende que si dejamos de mirar a Estados Unidos o a Europa, y nos detenemos en América Latina, vamos a ver que somos fuente de una mayor resistencia y tenemos herramientas para poder hacer frente a una crisis. La socióloga afirma que “hoy estamos viviendo un proceso de capitalismo salvaje, de saqueo sin límites”, el sistema productivo extractivista, la minería a cielo abierto, el fracking, todo lleva a un “callejón sin salida, seguir mirando a Europa es apostar por una especie de suicidio colectivo”.
El problema es “de sentido común” cree ella, no se puede seguir malgastando y acabando con los bienes comunes. Actualmente hay una eclosión de movimientos indígenas, que empiezan a identificarse con sus ancestros y sobre todo con la tierra, se dan entonces dos procesos, la “recuperación de la espiritualidad” y la “politización de la etnicidad”, no etnicidad vinculada al folclore o al turismo, ambos muy positivos.

Patriarcado

Silvia Rivera Cusicanqui también se ocupa de repensar en relación al Patriarcado. Lo define como un “complejo de centralizaciones”, se ha centralizado el conocimiento en Europa y se ha generado el etnocentrismo, se ha centralizado el derecho a la palabra y al pensamiento en Europa y se ha dado el “logocentrismo”, se ha centralizado la noción de cultura y civilización en el colonizador. “El androcentrismo es parte de ese complejo colonial”,la solución que plantea la socióloga es “descentrar todo”.
Por otro lado y más allá de ser el patriarcado un “fenómeno planetario”, esto no ha señalado un camino común para el feminismo, “hay tantos feminismos como culturas”. Ella cree que estamos en el proceso de “encontrar y formular un ideal de convivencia y equilibrio que no supone borrar al otro ni privilegiar a uno de los dos polos”es más bien “andar parejos”.
El Antropocentrismo va de la mano con el androcentrismo. Ahora, hay toda una revolución epistemológica en relación a los movimientos indigenistas, y se empieza a reconocer a otros sujetos y que además tienen derechos. Los animales, los vegetales, la pachamama son reconocidos como sujetos de derecho, es el comienzo para superar el antropocentrismo definitivamente.
En relación a los gobiernos que llegaron al poder en América Latina, con un discurso progresista, Rivera Cusicanqui habló de “discursos” que no tienen correlato en la práctica. Entonces pasa a ser un discurso que tiene la función de encubrir lo que se hace en la práctica.

Hay tantos feminismos como culturas

“Nunca antes se ha violado tanto a la naturaleza en Bolivia, como a partir de este gobierno”, afirma en relación al gobierno de Evo Morales. A partir de estos discursos indigenistas que tapan las verdaderas intenciones y que significan además un “deterioro de la palabra pública”.

La salida

Silvia Rivera Cusicanqui no ve la opción de salida a nivel macro, tampoco una salida inmediata. “El inmediatismo es un típico gesto de la clase media, la impaciencia”. “En cambio la resiliencia, la resistencia, la paciencia que han tenido poblaciones mucho más pequeñas, más valientes y mucho más sabias, nos pueden mostrar otro camino”.
La socióloga aclara que además, no es correcto pensar que las acciones de sujetos van a significar grandes cambios.Hay que ejercer la micropolítica, “crear pequeñas comunidades de afinidad con afiliación de orden emocional y racional” y a partir de estas, tejer redes.
“Comunidades y redes nos van a ayudar”, son los elementos claves para sobrevivir a esta coyuntura. De igual forma, todo está dado por ciclos, actualmente estamos en un “mal ciclo” pero “no es el fin del mundo”. Afirma que “hay que mantener la brasa viva para que pueda otra vez, encenderse el fuego”.
***
Silvia Rivera Cusicanqui se encuentra por estos días en Córdoba, para participar en diferentes espacios. Primero estará el jueves 15 de septiembre en Ciudad Universitaria. A las 19 hs. en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba estará dando una conferencia,“Heterogeneidad y tiempos mixtos”, invitada por el Doctorado en Estudios Sociales Agrarios, en el Aula C7 de las Baterías C.
El sábado 17 de Septiembre participará en laIV Jornada de Aprendizaje y Desaprendizaje Autónomo. Desde las 15:30 hs en el Espacio Social y Cultural Caracol – FOB Regional Córdoba, estará hablando sobre las “construcciones autónomas y luchas antipatriarcales en Abya Yala”.
Imagen de tapa gentileza de la fotógrafa Adriana Araya
[Fuente: http://latinta.com.ar/]

La Bienal Internacional de Arte de Bolivia pone en primera línea su vocación de diversidad, llevando como bandera su conexión con las culturas indígenas, pero haciéndonos reflexionar sobre cuestiones universales

 

JOSÉ JIMÉNEZ

 

En este mundo de comunicación global, de cultura cada vez más homogénea, ¿queda aún espacio para la comunicación transversal entre distintas comunidades y tradiciones culturales, manteniendo la especificidad y la diferencia entre cada una de ellas…? Eso es lo que propone, como objetivo, esta Bienal de Arte a través de propuestas artísticas provenientes de 27 países diferentes.

Es altamente significativo que esta Bienal tenga lugar en Bolivia, una nación en la que conviven 50 comunidades indígenas diferentes, y en la que por ello el signo de la pluralidad cultural es un rasgo decisivo. Organizada por la Fundación Visión Cultural, la Fundación Cinenómada para las Artes, el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia y el Gobierno Municipal de La Paz, la Bienal cuenta con el apoyo de numerosas instituciones, empresas y centros culturales, entre los que se encuentra el Centro Cultural de España en La Paz.

 

El planteamiento es sumamente ambicioso. Además de las distintas secciones específicas de artes visuales que tienen lugar en La Paz, en el ámbito de la Bienal se incluyen un Congreso Internacional de Arte, diversos talleres, el Festival Internacional de Cine «Alucine», un programa de Arte y Gestión Cultural y otro Pedagógico, así como una serie de actividades con el título «Sendas de expansión», en las ciudades de El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba. Con esta última sección de la Bienal, que considero de sumo interés, se intenta una conexión entre zonas urbanas y zonas rurales, que el evento sea, en palabras de su Curador General, Joaquín Sánchez, «para todos los bolivianos», una Bienal inclusiva.

 

 

Abierta y diseminada

 

Las actividades de arte que tienen lugar en La Paz comprenden nada menos que cuatro exposiciones a cargo de la Curadoría General de la Bienal, quince de curadores invitados, la exposición del Concurso Internacional convocado por la Bienal, una excelente exposición monográfica de la artista boliviana Narda Alvarado, y todo un conjunto de actividades que incluyen numerosas «performances», danza, proyectos especiales e incluso una caminata concebida como acción. Entre las exposiciones a cargo de curadores invitados es oportuno mencionar la que, con el título «Lo que no vemos», está a cargo del artista español Francis Naranjo. En la misma línea, y en el Centro Cultural de España, se presenta «Cibergeografías», en la que interviene como curador el también artista argentino, que vive en España, Gustavo Romano.

 

Esa proyección tan sumamente abierta y diseminada de la Bienal, constituye, en mi opinión, su aspecto menos positivo. Se echa en falta una mayor concentración y una mejor articulación, como unidad, de las propuestas artísticas. Mucho más en una nación como Bolivia, donde en la actualidad no hay estudios de Artes ni de Historia del Arte, y en la que el arte contemporáneo, sin museos ni centros específicos, tiene muy poca implantación. Sin embargo, la intensidad conceptual y estética de la Bienal permite considerar esta cita como un signo de inflexión, como un punto de partida, hacia un horizonte de despliegue de las prácticas artísticas, que en las siguientes bienales y propuestas educativas debería situar el arte en el lugar destacado que le corresponde como proceso de formación y de proyección de los seres humanos a través del espejo sensible de la representación.

Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite escenarios diferentes en la plasmación de la imagen

En la Bienal se han integrado «rutas» de las constelaciones aymara y guaraní. Y, en concreto, su lema conceptual y estético: «Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades», tiene raíces étnicas profundas, proviene de un pensamiento guaraní, en el ámbito de prácticas ceremoniales y artesanales tradicionales. Pero, de ahí, se propone su aplicación en el arte de nuestro tiempo, «escuchando» las temporalidades simultáneas sumergidas en los estratos históricos, y explorando «los diferentes tiempos que existen en el tiempo”» Y todo ello a través de un despliegue de las obras y propuestas que discurre en tres líneas de atención: cuerpo, comunidades, memoria.

 

¿Responden a esas cuestiones las diversas propuestas que podemos ver en la Bienal…? En términos generales, sí. La presentación en el mismo ámbito de obras y acciones de artistas provenientes de esos 27 países tan diversos: Alemania, Angola, Bolivia, Brasil, Gabón, Canadá, Camerún, Colombia, Cuba, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Grecia, Guatemala, Italia, Kenia, México, Mozambique, Noruega, Paraguay, Perú, Senegal, Sudáfrica, Turquía, Uruguay y Venezuela, permite recorrer un «mosaico» del mundo con sus ecos y temporalidades diversos. Un mosaico que va más allá de las pautas fijas de la escena artística internacional establecidas desde el «primer mundo». Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite transitar por escenarios diferentes en la plasmación de la imagen.

 

Unidad y diversidad

 

Otro aspecto sumamente relevante, es el carácter multimedia de todas las propuestas: representación plástica, escritura y textualidad, vídeos, instalaciones y «performances», se integran en unidad expresiva, en diferentes variantes, algo que sin duda constituye un rasgo decisivo del arte de nuestro tiempo. Y otro elemento a destacar es la consistencia e intensidad artística de la mayor parte de las propuestas, algo debido sin duda a la atención que los distintos curadores han prestado a cada una de ellas en concreto.

La dispersión de muestras y actividades hace prácticamente imposible en el marco de este artículo una consideración particular de cada una de ellas. Sí conviene destacar, en todo caso, la presencia de nombres destacados de la escena artística internacional, como Francis Alÿs (México), Alfredo Jaar (Chile), Juan Castillo (Chile/Suecia), o Teresa Margolles (México). Esta última artista ha presentado una sugestiva obra, de alta intensidad moral, una «performance» realizada con la colaboración de bordadoras de La Paz, en la que éstas bordan una sábana en la que fue envuelta una mujer allí asesinada.

Las actividades de «Sendas de expansión» en El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba conectan zonas urbanas con zonas rurales

Entre los artistas españoles presentes, es importante resaltar el alcance de la propuesta poética y visual de Dionisio Cañas, o la dinámica e impactante instalación lumínica de Francis Naranjo, con el título «Mi vida es la luz» (2012-2016), en la que nos vemos envueltos en una especie de bombardeo de haces luminosos de colores que ponen en movimiento nuestros ojos y nuestro cuerpo. La fotógrafa Isabel Muñoz, en su exposición personal «Álbum de familia», reúne una serie de imágenes, magníficas, de nuestros antepasados los primates. Así mismo, es preciso destacar cómo en la muestra «Ciberfotografías», antes aludida, podemos adentrarnos en un amplio mapa de la escena internacional del arte cibernético.

La instalación de fotografías y vídeos de la artista chilena Nury González es destacable por su forma de mostrar los inevitables desplazamientos de la humanidad. En ella, el vídeo «Exilios» (2013) nos habla de una constante, de evidente actualidad en estos momentos. Otros dos artistas chilenos: Coco González y Antonio Guzmán, integran textos e imágenes, en soportes abiertos a la participación de los públicos, en «Los sonidos de las letras». Y la neozelandesa Fiona Clark nos sitúa en la sexualidad transgresora en su vídeo-instalación «Reina blanca/Reina negra» (2016). Junto a todo ello, llama poderosamente la atención el gran número de artistas jóvenes, entre ellos numerosas mujeres, lo que nos permite apreciar que el futuro del arte está de verdad abierto, y que el protagonismo femenino irá alcanzando sin duda la intensidad que merece.

 

Unas palabras, por último, sobre el «escenario» de la Bienal. En un ámbito como La Paz, ciudad caótica y a la vez llena de dinamismo, de fuerza vital, donde por su ubicación en una gran hondonada, entre cerros, todo es subir y bajar, el arte acentúa su registro como expresión de la condición humana. Esta Bienal abre nuestra sensibilidad a la comprensión de que ese proceso contínuo de subidas y bajadas, en las que vamos recorriendo las obras, expresa –más allá del inevitable «mal de altura»– quiénes somos, dónde estamos y a dónde podríamos ir. En definitiva, ecos y visiones transversales de temporalidades diversas, que, desde abajo, a través del buceo en la memoria, nos permiten fijar las líneas expresivas de nuestro cuerpo y nuestros ámbitos de vida en común.

 

«Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades». Bienal Internacional de Arte SIART 9, Bolivia

Curadoría General: Joaquín Sánchez, Directora: Norma Campos. La Paz, Bolivia. Hasta el 11 de noviembre de 2016

La Bienal Internacional de Arte de Bolivia pone en primera línea su vocación de diversidad, llevando como bandera su conexión con las culturas indígenas, pero haciéndonos reflexionar sobre cuestiones universales

 

JOSÉ JIMÉNEZ

 

En este mundo de comunicación global, de cultura cada vez más homogénea, ¿queda aún espacio para la comunicación transversal entre distintas comunidades y tradiciones culturales, manteniendo la especificidad y la diferencia entre cada una de ellas…? Eso es lo que propone, como objetivo, esta Bienal de Arte a través de propuestas artísticas provenientes de 27 países diferentes.

Es altamente significativo que esta Bienal tenga lugar en Bolivia, una nación en la que conviven 50 comunidades indígenas diferentes, y en la que por ello el signo de la pluralidad cultural es un rasgo decisivo. Organizada por la Fundación Visión Cultural, la Fundación Cinenómada para las Artes, el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia y el Gobierno Municipal de La Paz, la Bienal cuenta con el apoyo de numerosas instituciones, empresas y centros culturales, entre los que se encuentra el Centro Cultural de España en La Paz.

 

El planteamiento es sumamente ambicioso. Además de las distintas secciones específicas de artes visuales que tienen lugar en La Paz, en el ámbito de la Bienal se incluyen un Congreso Internacional de Arte, diversos talleres, el Festival Internacional de Cine «Alucine», un programa de Arte y Gestión Cultural y otro Pedagógico, así como una serie de actividades con el título «Sendas de expansión», en las ciudades de El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba. Con esta última sección de la Bienal, que considero de sumo interés, se intenta una conexión entre zonas urbanas y zonas rurales, que el evento sea, en palabras de su Curador General, Joaquín Sánchez, «para todos los bolivianos», una Bienal inclusiva.

 

 

Abierta y diseminada

 

Las actividades de arte que tienen lugar en La Paz comprenden nada menos que cuatro exposiciones a cargo de la Curadoría General de la Bienal, quince de curadores invitados, la exposición del Concurso Internacional convocado por la Bienal, una excelente exposición monográfica de la artista boliviana Narda Alvarado, y todo un conjunto de actividades que incluyen numerosas «performances», danza, proyectos especiales e incluso una caminata concebida como acción. Entre las exposiciones a cargo de curadores invitados es oportuno mencionar la que, con el título «Lo que no vemos», está a cargo del artista español Francis Naranjo. En la misma línea, y en el Centro Cultural de España, se presenta «Cibergeografías», en la que interviene como curador el también artista argentino, que vive en España, Gustavo Romano.

 

Esa proyección tan sumamente abierta y diseminada de la Bienal, constituye, en mi opinión, su aspecto menos positivo. Se echa en falta una mayor concentración y una mejor articulación, como unidad, de las propuestas artísticas. Mucho más en una nación como Bolivia, donde en la actualidad no hay estudios de Artes ni de Historia del Arte, y en la que el arte contemporáneo, sin museos ni centros específicos, tiene muy poca implantación. Sin embargo, la intensidad conceptual y estética de la Bienal permite considerar esta cita como un signo de inflexión, como un punto de partida, hacia un horizonte de despliegue de las prácticas artísticas, que en las siguientes bienales y propuestas educativas debería situar el arte en el lugar destacado que le corresponde como proceso de formación y de proyección de los seres humanos a través del espejo sensible de la representación.

Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite escenarios diferentes en la plasmación de la imagen

En la Bienal se han integrado «rutas» de las constelaciones aymara y guaraní. Y, en concreto, su lema conceptual y estético: «Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades», tiene raíces étnicas profundas, proviene de un pensamiento guaraní, en el ámbito de prácticas ceremoniales y artesanales tradicionales. Pero, de ahí, se propone su aplicación en el arte de nuestro tiempo, «escuchando» las temporalidades simultáneas sumergidas en los estratos históricos, y explorando «los diferentes tiempos que existen en el tiempo”» Y todo ello a través de un despliegue de las obras y propuestas que discurre en tres líneas de atención: cuerpo, comunidades, memoria.

 

¿Responden a esas cuestiones las diversas propuestas que podemos ver en la Bienal…? En términos generales, sí. La presentación en el mismo ámbito de obras y acciones de artistas provenientes de esos 27 países tan diversos: Alemania, Angola, Bolivia, Brasil, Gabón, Canadá, Camerún, Colombia, Cuba, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Grecia, Guatemala, Italia, Kenia, México, Mozambique, Noruega, Paraguay, Perú, Senegal, Sudáfrica, Turquía, Uruguay y Venezuela, permite recorrer un «mosaico» del mundo con sus ecos y temporalidades diversos. Un mosaico que va más allá de las pautas fijas de la escena artística internacional establecidas desde el «primer mundo». Aquí vemos y oímos que el mundo, el arte, es ante todo plural, y por ello permite transitar por escenarios diferentes en la plasmación de la imagen.

 

Unidad y diversidad

 

Otro aspecto sumamente relevante, es el carácter multimedia de todas las propuestas: representación plástica, escritura y textualidad, vídeos, instalaciones y «performances», se integran en unidad expresiva, en diferentes variantes, algo que sin duda constituye un rasgo decisivo del arte de nuestro tiempo. Y otro elemento a destacar es la consistencia e intensidad artística de la mayor parte de las propuestas, algo debido sin duda a la atención que los distintos curadores han prestado a cada una de ellas en concreto.

La dispersión de muestras y actividades hace prácticamente imposible en el marco de este artículo una consideración particular de cada una de ellas. Sí conviene destacar, en todo caso, la presencia de nombres destacados de la escena artística internacional, como Francis Alÿs (México), Alfredo Jaar (Chile), Juan Castillo (Chile/Suecia), o Teresa Margolles (México). Esta última artista ha presentado una sugestiva obra, de alta intensidad moral, una «performance» realizada con la colaboración de bordadoras de La Paz, en la que éstas bordan una sábana en la que fue envuelta una mujer allí asesinada.

Las actividades de «Sendas de expansión» en El Alto, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba conectan zonas urbanas con zonas rurales

Entre los artistas españoles presentes, es importante resaltar el alcance de la propuesta poética y visual de Dionisio Cañas, o la dinámica e impactante instalación lumínica de Francis Naranjo, con el título «Mi vida es la luz» (2012-2016), en la que nos vemos envueltos en una especie de bombardeo de haces luminosos de colores que ponen en movimiento nuestros ojos y nuestro cuerpo. La fotógrafa Isabel Muñoz, en su exposición personal «Álbum de familia», reúne una serie de imágenes, magníficas, de nuestros antepasados los primates. Así mismo, es preciso destacar cómo en la muestra «Ciberfotografías», antes aludida, podemos adentrarnos en un amplio mapa de la escena internacional del arte cibernético.

La instalación de fotografías y vídeos de la artista chilena Nury González es destacable por su forma de mostrar los inevitables desplazamientos de la humanidad. En ella, el vídeo «Exilios» (2013) nos habla de una constante, de evidente actualidad en estos momentos. Otros dos artistas chilenos: Coco González y Antonio Guzmán, integran textos e imágenes, en soportes abiertos a la participación de los públicos, en «Los sonidos de las letras». Y la neozelandesa Fiona Clark nos sitúa en la sexualidad transgresora en su vídeo-instalación «Reina blanca/Reina negra» (2016). Junto a todo ello, llama poderosamente la atención el gran número de artistas jóvenes, entre ellos numerosas mujeres, lo que nos permite apreciar que el futuro del arte está de verdad abierto, y que el protagonismo femenino irá alcanzando sin duda la intensidad que merece.

 

Unas palabras, por último, sobre el «escenario» de la Bienal. En un ámbito como La Paz, ciudad caótica y a la vez llena de dinamismo, de fuerza vital, donde por su ubicación en una gran hondonada, entre cerros, todo es subir y bajar, el arte acentúa su registro como expresión de la condición humana. Esta Bienal abre nuestra sensibilidad a la comprensión de que ese proceso contínuo de subidas y bajadas, en las que vamos recorriendo las obras, expresa –más allá del inevitable «mal de altura»– quiénes somos, dónde estamos y a dónde podríamos ir. En definitiva, ecos y visiones transversales de temporalidades diversas, que, desde abajo, a través del buceo en la memoria, nos permiten fijar las líneas expresivas de nuestro cuerpo y nuestros ámbitos de vida en común.

 

«Ver con los oídos. Poéticas de las temporalidades». Bienal Internacional de Arte SIART 9, Bolivia

Curadoría General: Joaquín Sánchez, Directora: Norma Campos. La Paz, Bolivia. Hasta el 11 de noviembre de 2016

Viernes, 25 Noviembre 2016 03:28

OPERAR EN UNA BIENAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO

Diego Aramburo (*)
 
 
La idea del artista inspirado de la época del romanticismo felizmente fue sustituida por la del hacedor consciente, el cuestionador de su medio expresivo e investigador de sus obsesiones y contenidos.
 
Eso permitió que los lenguajes artísticos se expandieran sin nunca ir en detrimento del rigor creador ni del acabado de la obra, sino, por el contrario, exigiendo una total coherencia procesual que deviene en consecuentes resoluciones orgánicas, plenas de sustento teórico y práctico, y con particularidades propias a la hora de ofrecer el objeto de arte.
 
 Quizás es esta premisa y este pre-requisito lo que devolvió, para bien, a los artistas al ámbito de los talleres de trabajo, de búsqueda y comprensión; conformó equipos de investigación y experimentación, y generó dinámicas dialógicas en colectivos artísticos y entre creadores y curadores. Quizás esto es lo que actualmente permite detectar a un verdadero artista a diferencia del que resulta tan sólo un ingenioso creador o un trabajador de la forma o un esteta.
 
Quizás por esto muchos de los artistas actuales rehúsan el viejo pedestal desde el cual el artista se mostraba, mostraba su (in)genio creador y su creatura y hasta se permitía que la misma dictara cómo pensar y actuar en relación a determinado tema, temática o evento. 
 
Felizmente. el arte vuelve a diferenciarse del entretenimiento y la demagogia.
 
 Preguntarnos, entonces, cómo opera un artista en la actualidad, es preguntarnos también cuál es su relación con su propio proceso creador a lo largo de los años, con sus enunciados (artísticos) y con el lenguaje que usa de soporte; cómo y dónde se inserta ya a nivel del ineludible concepto de "mercado cultural” y sus instancias, estructuras e institucionalidad; cómo lidia con su propia necesidad de seguir en pié, en el sentido más mundano y en el de seguir expresándose a través de algún(os) lenguaje(s) artístico(s); y cómo se reinventa y da continuidad a su opus sin traicionarse. En definitiva, cómo se logra existir, finalmente, como artista.
 
 El diálogo más consciente posible, en las circunstancias actuales, es aquel en el que uno calla lo suficiente para poder oír todo lo que le permita seguir teniendo voz.
 
Esta máxima parece hacerse crucial en un carnívoro movimiento global de las artes, que cada vez busca detectar más tendencias para poder "colocar productos en el mercado”; crucial al menos para la supervivencia del artista como tal -y no como un reproductor en serie de su propio modelo estético, casi fórmula creativa, cuasi inminente prisión denominada "estilo” y callejón sin salida en la búsqueda de la expresión y el lenguaje-.
 
 Entonces, el laboratorio y la instancia de diálogo se abren como alternativas de trabajo hacía una búsqueda distinta, una profundización del trabajo y la indagación personal en la que el uno y el otro se hacen a la par. Y es ahí que encuentra su mayor sentido la propuesta de la bienal SIART  2016.
 
 (*) Es dramaturgo y director de teatro.
Viernes, 25 Noviembre 2016 03:25

Operar en una Bienal de Arte Contemporáneo

Diego Aramburo (*)
 
 
La idea del artista inspirado de la época del romanticismo felizmente fue sustituida por la del hacedor consciente, el cuestionador de su medio expresivo e investigador de sus obsesiones y contenidos.
 
Eso permitió que los lenguajes artísticos se expandieran sin nunca ir en detrimento del rigor creador ni del acabado de la obra, sino, por el contrario, exigiendo una total coherencia procesual que deviene en consecuentes resoluciones orgánicas, plenas de sustento teórico y práctico, y con particularidades propias a la hora de ofrecer el objeto de arte.
 
 Quizás es esta premisa y este pre-requisito lo que devolvió, para bien, a los artistas al ámbito de los talleres de trabajo, de búsqueda y comprensión; conformó equipos de investigación y experimentación, y generó dinámicas dialógicas en colectivos artísticos y entre creadores y curadores. Quizás esto es lo que actualmente permite detectar a un verdadero artista a diferencia del que resulta tan sólo un ingenioso creador o un trabajador de la forma o un esteta.
 
Quizás por esto muchos de los artistas actuales rehúsan el viejo pedestal desde el cual el artista se mostraba, mostraba su (in)genio creador y su creatura y hasta se permitía que la misma dictara cómo pensar y actuar en relación a determinado tema, temática o evento. 
 
Felizmente. el arte vuelve a diferenciarse del entretenimiento y la demagogia.
 
 Preguntarnos, entonces, cómo opera un artista en la actualidad, es preguntarnos también cuál es su relación con su propio proceso creador a lo largo de los años, con sus enunciados (artísticos) y con el lenguaje que usa de soporte; cómo y dónde se inserta ya a nivel del ineludible concepto de "mercado cultural” y sus instancias, estructuras e institucionalidad; cómo lidia con su propia necesidad de seguir en pié, en el sentido más mundano y en el de seguir expresándose a través de algún(os) lenguaje(s) artístico(s); y cómo se reinventa y da continuidad a su opus sin traicionarse. En definitiva, cómo se logra existir, finalmente, como artista.
 
 El diálogo más consciente posible, en las circunstancias actuales, es aquel en el que uno calla lo suficiente para poder oír todo lo que le permita seguir teniendo voz.
 
Esta máxima parece hacerse crucial en un carnívoro movimiento global de las artes, que cada vez busca detectar más tendencias para poder "colocar productos en el mercado”; crucial al menos para la supervivencia del artista como tal -y no como un reproductor en serie de su propio modelo estético, casi fórmula creativa, cuasi inminente prisión denominada "estilo” y callejón sin salida en la búsqueda de la expresión y el lenguaje-.
 
 Entonces, el laboratorio y la instancia de diálogo se abren como alternativas de trabajo hacía una búsqueda distinta, una profundización del trabajo y la indagación personal en la que el uno y el otro se hacen a la par. Y es ahí que encuentra su mayor sentido la propuesta de la bienal SIART  2016.
 
 (*) Es dramaturgo y director de teatro.

Isabel Muñoz ha sido galardonada este jueves 17 de noviembre con el Premio Nacional de Fotografía 2016, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros.

 

El jurado ha destacado su trayectoria profesional, en la que combina el compromiso social con la búsqueda de la belleza, "ahondando en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural".

 

"Con la singularidad de su utilización de una técnica tradicional aplicada a un lenguaje contemporáneo, conocedora de su oficio, sus obras son reflejo de una mirada en permanente búsqueda", ha destacado el jurado.

 

Respecto a su trabajo, Muñoz ha explicado que ser mujer le ha ayudado "a entrar en universos a los que no habría podido entrar de no serlo".

 

"Me ha permitido entrar en el corazón de aquellos países en los que una mujer nunca miraría a un hombre de esa forma. Yo creo que hay un lenguaje universal con el que te comunicas y me ha encantado ser mujer y poder entrar en esos mundo mágicos de la mujer tanto cuando la mujer es feliz como cuando no lo es. Poder compartir eso es maravilloso", ha dicho.

 

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) se matricula en 1979 en el Photocentro y decide convertir su afición en profesión. En 1980 conoce a sus fotógrafos de referencia, Ramón Mourelle y a Eduardo Momeñe y al poco tiempo recibe sus primeros encargos para prensa y publicidad y conoce a Tote Trenas, quien la introduce en el mundo de la fotografía para cine.

 

Hace la fotofija de películas como Sal gorda yPenumbray en 1982 decide ampliar sus estudios en Nueva York. Obsesionada por hallar un soporte idóneo para reproducir la piel, continúa sus estudios en Maine con Craig Stevens, con Robert Steinberg y con Neil Silkirk.

 

Regresa a Nueva York para estudiar el gran formato en el International Center of Photography (ICP). En 1986 regresa a Madrid y realiza su primera exposición, Toques, en el Instituto Francés.

 

De 1990 a 2007 se dedica a recorrer el mundo intentando compartir sus emociones; a través de la danza realiza trabajos en Cuba, Burkina Fasso, Mali, Egipto, Turquía y con el ballet de Víctor Ullate.

 

Su trabajo ha podido verse en PHotoEspaña (1998, 2007, 2010 y 2012) y en instituciones de todo el mundo, como el Chrysler Museum of Art (Norfolk, Virginia, EEUU, 1992), el Dansmuseet (Estocolomo, 2002), entre otros.

 

Además, ha obtenido el premio World Press Photo en 1999 (en la categoría Arte y Entretenimiento) y 2004 (en la categoría Retratos), fue Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid en 2006 y Premio PHotoEspaña en 2009.

 

Asimismo, recibió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en 2009 y su obra forma parte de colecciones como la de la Maison Européenne de la Photographie (París) y el New Museum de Nueva York, entre otras.

 

En el jurado ha actuado como presidente Miguel Ángel Recio, director general de Bellas Artes y Patrimonio Cultural y Begoña Torres, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes, como vicepresidenta.

Isabel Muñoz ha sido galardonada este jueves 17 de noviembre con el Premio Nacional de Fotografía 2016, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros.

 

El jurado ha destacado su trayectoria profesional, en la que combina el compromiso social con la búsqueda de la belleza, "ahondando en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural".

 

"Con la singularidad de su utilización de una técnica tradicional aplicada a un lenguaje contemporáneo, conocedora de su oficio, sus obras son reflejo de una mirada en permanente búsqueda", ha destacado el jurado.

 

Respecto a su trabajo, Muñoz ha explicado que ser mujer le ha ayudado "a entrar en universos a los que no habría podido entrar de no serlo".

 

"Me ha permitido entrar en el corazón de aquellos países en los que una mujer nunca miraría a un hombre de esa forma. Yo creo que hay un lenguaje universal con el que te comunicas y me ha encantado ser mujer y poder entrar en esos mundo mágicos de la mujer tanto cuando la mujer es feliz como cuando no lo es. Poder compartir eso es maravilloso", ha dicho.

 

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) se matricula en 1979 en el Photocentro y decide convertir su afición en profesión. En 1980 conoce a sus fotógrafos de referencia, Ramón Mourelle y a Eduardo Momeñe y al poco tiempo recibe sus primeros encargos para prensa y publicidad y conoce a Tote Trenas, quien la introduce en el mundo de la fotografía para cine.

 

Hace la fotofija de películas como Sal gorda yPenumbray en 1982 decide ampliar sus estudios en Nueva York. Obsesionada por hallar un soporte idóneo para reproducir la piel, continúa sus estudios en Maine con Craig Stevens, con Robert Steinberg y con Neil Silkirk.

 

Regresa a Nueva York para estudiar el gran formato en el International Center of Photography (ICP). En 1986 regresa a Madrid y realiza su primera exposición, Toques, en el Instituto Francés.

 

De 1990 a 2007 se dedica a recorrer el mundo intentando compartir sus emociones; a través de la danza realiza trabajos en Cuba, Burkina Fasso, Mali, Egipto, Turquía y con el ballet de Víctor Ullate.

 

Su trabajo ha podido verse en PHotoEspaña (1998, 2007, 2010 y 2012) y en instituciones de todo el mundo, como el Chrysler Museum of Art (Norfolk, Virginia, EEUU, 1992), el Dansmuseet (Estocolomo, 2002), entre otros.

 

Además, ha obtenido el premio World Press Photo en 1999 (en la categoría Arte y Entretenimiento) y 2004 (en la categoría Retratos), fue Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid en 2006 y Premio PHotoEspaña en 2009.

 

Asimismo, recibió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en 2009 y su obra forma parte de colecciones como la de la Maison Européenne de la Photographie (París) y el New Museum de Nueva York, entre otras.

 

En el jurado ha actuado como presidente Miguel Ángel Recio, director general de Bellas Artes y Patrimonio Cultural y Begoña Torres, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes, como vicepresidenta.

Viernes, 25 Noviembre 2016 03:14

Freddy Mamani, El Arquitecto de Los Andes

 

Freddy Mamani, el arquitecto de los Andes

 
Amelia Castilla

 

Freddy Mamani diseña edificios donde mandan los dibujos geométricos y los colores chillones de la cosmovisión aimara. Levantados para alojar a la élite de la nueva burguesía boliviana, sus primeras construcciones surgieron en El Alto, pero ya se han extendido a otros países.

Lunes 14 de noviembre de 2016

 

Los congresos se disputan a Fred­­dy Mamani Silvestre, de 44 años, creador de la arquitectura de la choliburguesía boliviana, una nueva clase social, en su mayor parte indígena, surgida al calor del Gobierno de Evo Morales. El arquitecto acaba de llegar de Chile, un viaje más en la lista de países de América Latina donde lo reclaman para presentar sus impactantes edificios, decorados con diseños geométricos y toda la gama de colores de la cosmovisión aimara. Tiene tantos seguidores como detractores; donde los primeros ven trazos de arquitectura neobarroca o neoandina, otros solo perciben esquizofrenia y feísmo. De momento, el libro Arquitectura andina de Bolivia, con fotografías de Alfredo Zeballos, narra los logros de su obra en el marco de una Bolivia contemporánea, las revistas más acreditadas han dado cuenta de su trabajo y tiene previsto protagonizar una película sobre su vida. Pero Mamani vive ajeno a la leyenda que genera. Solo quiere cumplir su sueño: “Construir puentes, auditorios y museos”. Ya se ha estrenado con una de las plantas del museo más grande de Bolivia, dedicado al presidente boliviano y su revolución en Orinoca, su pueblo natal.

 

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Freddy Mamani, fotografiado en uno de sus edificios que ha diseñado en El Alto. Gabriel Pecot

 

“Los aimaras somos orgullosos e irreductibles. Antes mi apellido estaba estigmatizado, pero ahora soy libre de firmar mi trabajo donde quiera”

 

En la calle, de tierra y sin alcantarillado, los perros buscan comida entre un montón de basura, bajo un sol que quema pero no calienta. Estamos en la segunda planta de un edificio de cuatro alturas, donde un grupo de obreros remata la policromía en columnas y techo. “La idea central, en este y en los otros que he realizado, pasa por una construcción en la que todo sea rentable: la planta baja, dividida en locales, estará dedicada al comercio; la segunda, de unos 600 metros cuadrados, se alquila como sala de fiestas o para banquetes de boda, con habitación para los novios y caja fuerte incluida; en la tercera se ubican varios apartamentos que también salen a renta, y en la cuarta se construye el chalé para que vivan los dueños del edificio. Una vez acabado, todo debe servir para generar dinero. Así lo quieren los propietarios”, cuenta Mamani. Para él, se trata de una versión urbana de las casas rurales de adobe que antaño acogían a los animales en la planta baja. Su toque personal, la ubicación del chalé como guinda del edificio, también tiene su fundamento: “Buscar la luz del sol y la vista de la cordillera andina, con el nevado Illimani, de más de 6.000 metros de altura, como fuente de inspiración”.

 

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Construidos a base de vidrio, policarbonato y cristal traído desde China, los edificios albergan tiendas, salas de fiesta (como la que se ve en estas imágenes), piscinas y pistas de fútbol sala.

 

Sus clientes en esta ocasión, una pareja de comerciantes de El Alto, le han pedido que matice los tonos que lo han hecho famoso, inspirados en los aguayos, tejido andino usado por las mujeres, entre otros, para cargar a los niños a la espalda. No desean colores chillones. Se lo dejan claro en una improvisada reunión con la pareja y los dos niños pequeños dentro de la furgoneta todoterreno aparcada frente a la obra. A través de la ventanilla, la madre, ataviada con la indumentaria típica de las cholitas (sombrero de hongo y trenzas hasta la cintura), busca en el móvil el color (“vicuña”) que desea para la fachada. El precio de este tipo de viviendas oscila entre 200.000 y 300.000 dólares. El negocio y el lujo, un lujo ostensible del que presume la nueva élite boliviana, caminan de la mano en una ciudad que carece de casi todo. “Es bueno que ricos y pobres vivan juntos. Esto no es una zona residencial, la gente que prospera en el barrio con sus comercios y sus negocios no quiere marcharse fuera. Mis obras son como lunares esparcidos por la ciudad”, aclara el arquitecto, que también vive en la zona.

 

“No me he hecho rico construyendo estos edificios, pero un artista no busca solo la rentabilidad económica”

 

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Apenas era un niño que levantaba un palmo del suelo cuando su padre lo llevaba de la mano a las obras en las que trabajaba como albañil. Jugando con la arena y el viento, aprendió una profesión que empezó a ejercer oficialmente a los 15 años. Pero pronto comprendió que aquello se le quedaba pequeño. Comenzó a estudiar por la noche, cuando dejaba la obra; nadie le regaló un bolívar. Ahora, casado y con cuatro hijos, posee la titulación de “ingeniero y la de arquitecto”, pero sigue funcionando a pie de obra. Lo acompaña su hijo Freddy, de ocho años, con la cara y las manos manchadas de pintura y siempre atento a la voz de su padre, que lo requiere como demandadero para todo tipo de recados. Cuenta con ayudantes, pero no dispone de más oficina que los andamios junto a su cuadrilla y un ordenador portátil. Es ahí donde diseña sus delirantes y esquizofrénicos edificios, que decora con mucho vidrio, policarbonato y lámparas gigantescas traídas desde China y “armadas pieza a pieza en ­Bolivia como si fueran diamantes”. Ha llegado a tener a su cargo unos 200 operarios, pero la crisis provocaba por la bajada de los precios de los hidrocarburos ha reducido el número de pedidos y diezmado la plantilla. “Pensarán que me he hecho rico, pero no he ganado mucho dinero. Un artista no busca solo la rentabilidad económica. Yo también quiebro”, cuenta.

 

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Mamani, que antes de hacerse arquitecto fue albañil, cuenta con su propio equipo de operarios. Su despacho es la misma obra. Allí, con ayuda de su portátil, diseña sus edificios, decorados con coloristas figuras geométricas.

 

Algunos de los nuevos cholet (fusión de chalet y cholo) albergan pistas de fútbol sala y piscinas, y en sus amplios salones con capacidad para más de mil personas se celebran pases de modelos de cholitas y fiestas sonadas, como la que trajo al grupo musical los Broncos hasta esta ciudad de arrabal convertida en un rastro gigante e integrada por artesanos, mineros y comerciantes, en la que se vende de todo por valor de millones de dólares, especialmente productos procedentes de China que, en muchas ocasiones, los comerciantes eligen personalmente en el país de origen. En alguna ocasión se han desmantelado también pequeños laboratorios de cocaína. En El Alto impera su propia ley. Muñecos con figuras humanas colgados de los árboles o junto a los palos de la alta tensión avisan a los posibles ladrones. No será la primera vez que se lincha a un supuesto delincuente. El pasado febrero, durante una protesta frente al Ayuntamiento, presidido por el partido opositor Unidad Nacional, murieron seis personas quemadas.

Viernes, 25 Noviembre 2016 02:18

FREDDY MAMANI, EL ARQUITECTO DE LOS ANDES

 
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Freddy Mamani, el arquitecto de los Andes

 
Amelia Castilla

 

Freddy Mamani diseña edificios donde mandan los dibujos geométricos y los colores chillones de la cosmovisión aimara. Levantados para alojar a la élite de la nueva burguesía boliviana, sus primeras construcciones surgieron en El Alto, pero ya se han extendido a otros países.

Lunes 14 de noviembre de 2016

 

Los congresos se disputan a Fred­­dy Mamani Silvestre, de 44 años, creador de la arquitectura de la choliburguesía boliviana, una nueva clase social, en su mayor parte indígena, surgida al calor del Gobierno de Evo Morales. El arquitecto acaba de llegar de Chile, un viaje más en la lista de países de América Latina donde lo reclaman para presentar sus impactantes edificios, decorados con diseños geométricos y toda la gama de colores de la cosmovisión aimara. Tiene tantos seguidores como detractores; donde los primeros ven trazos de arquitectura neobarroca o neoandina, otros solo perciben esquizofrenia y feísmo. De momento, el libro Arquitectura andina de Bolivia, con fotografías de Alfredo Zeballos, narra los logros de su obra en el marco de una Bolivia contemporánea, las revistas más acreditadas han dado cuenta de su trabajo y tiene previsto protagonizar una película sobre su vida. Pero Mamani vive ajeno a la leyenda que genera. Solo quiere cumplir su sueño: “Construir puentes, auditorios y museos”. Ya se ha estrenado con una de las plantas del museo más grande de Bolivia, dedicado al presidente boliviano y su revolución en Orinoca, su pueblo natal.

 

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Freddy Mamani, fotografiado en uno de sus edificios que ha diseñado en El Alto. Gabriel Pecot

 

“Los aimaras somos orgullosos e irreductibles. Antes mi apellido estaba estigmatizado, pero ahora soy libre de firmar mi trabajo donde quiera”

 

En la calle, de tierra y sin alcantarillado, los perros buscan comida entre un montón de basura, bajo un sol que quema pero no calienta. Estamos en la segunda planta de un edificio de cuatro alturas, donde un grupo de obreros remata la policromía en columnas y techo. “La idea central, en este y en los otros que he realizado, pasa por una construcción en la que todo sea rentable: la planta baja, dividida en locales, estará dedicada al comercio; la segunda, de unos 600 metros cuadrados, se alquila como sala de fiestas o para banquetes de boda, con habitación para los novios y caja fuerte incluida; en la tercera se ubican varios apartamentos que también salen a renta, y en la cuarta se construye el chalé para que vivan los dueños del edificio. Una vez acabado, todo debe servir para generar dinero. Así lo quieren los propietarios”, cuenta Mamani. Para él, se trata de una versión urbana de las casas rurales de adobe que antaño acogían a los animales en la planta baja. Su toque personal, la ubicación del chalé como guinda del edificio, también tiene su fundamento: “Buscar la luz del sol y la vista de la cordillera andina, con el nevado Illimani, de más de 6.000 metros de altura, como fuente de inspiración”.

 

2094Arquitecto9
2094Arquitecto8
Construidos a base de vidrio, policarbonato y cristal traído desde China, los edificios albergan tiendas, salas de fiesta (como la que se ve en estas imágenes), piscinas y pistas de fútbol sala.

 

Sus clientes en esta ocasión, una pareja de comerciantes de El Alto, le han pedido que matice los tonos que lo han hecho famoso, inspirados en los aguayos, tejido andino usado por las mujeres, entre otros, para cargar a los niños a la espalda. No desean colores chillones. Se lo dejan claro en una improvisada reunión con la pareja y los dos niños pequeños dentro de la furgoneta todoterreno aparcada frente a la obra. A través de la ventanilla, la madre, ataviada con la indumentaria típica de las cholitas (sombrero de hongo y trenzas hasta la cintura), busca en el móvil el color (“vicuña”) que desea para la fachada. El precio de este tipo de viviendas oscila entre 200.000 y 300.000 dólares. El negocio y el lujo, un lujo ostensible del que presume la nueva élite boliviana, caminan de la mano en una ciudad que carece de casi todo. “Es bueno que ricos y pobres vivan juntos. Esto no es una zona residencial, la gente que prospera en el barrio con sus comercios y sus negocios no quiere marcharse fuera. Mis obras son como lunares esparcidos por la ciudad”, aclara el arquitecto, que también vive en la zona.

 

“No me he hecho rico construyendo estos edificios, pero un artista no busca solo la rentabilidad económica”

 

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Apenas era un niño que levantaba un palmo del suelo cuando su padre lo llevaba de la mano a las obras en las que trabajaba como albañil. Jugando con la arena y el viento, aprendió una profesión que empezó a ejercer oficialmente a los 15 años. Pero pronto comprendió que aquello se le quedaba pequeño. Comenzó a estudiar por la noche, cuando dejaba la obra; nadie le regaló un bolívar. Ahora, casado y con cuatro hijos, posee la titulación de “ingeniero y la de arquitecto”, pero sigue funcionando a pie de obra. Lo acompaña su hijo Freddy, de ocho años, con la cara y las manos manchadas de pintura y siempre atento a la voz de su padre, que lo requiere como demandadero para todo tipo de recados. Cuenta con ayudantes, pero no dispone de más oficina que los andamios junto a su cuadrilla y un ordenador portátil. Es ahí donde diseña sus delirantes y esquizofrénicos edificios, que decora con mucho vidrio, policarbonato y lámparas gigantescas traídas desde China y “armadas pieza a pieza en ­Bolivia como si fueran diamantes”. Ha llegado a tener a su cargo unos 200 operarios, pero la crisis provocaba por la bajada de los precios de los hidrocarburos ha reducido el número de pedidos y diezmado la plantilla. “Pensarán que me he hecho rico, pero no he ganado mucho dinero. Un artista no busca solo la rentabilidad económica. Yo también quiebro”, cuenta.

 

2094Arquitecto5
2094Arquitecto7
 
Mamani, que antes de hacerse arquitecto fue albañil, cuenta con su propio equipo de operarios. Su despacho es la misma obra. Allí, con ayuda de su portátil, diseña sus edificios, decorados con coloristas figuras geométricas.

 

Algunos de los nuevos cholet (fusión de chalet y cholo) albergan pistas de fútbol sala y piscinas, y en sus amplios salones con capacidad para más de mil personas se celebran pases de modelos de cholitas y fiestas sonadas, como la que trajo al grupo musical los Broncos hasta esta ciudad de arrabal convertida en un rastro gigante e integrada por artesanos, mineros y comerciantes, en la que se vende de todo por valor de millones de dólares, especialmente productos procedentes de China que, en muchas ocasiones, los comerciantes eligen personalmente en el país de origen. En alguna ocasión se han desmantelado también pequeños laboratorios de cocaína. En El Alto impera su propia ley. Muñecos con figuras humanas colgados de los árboles o junto a los palos de la alta tensión avisan a los posibles ladrones. No será la primera vez que se lincha a un supuesto delincuente. El pasado febrero, durante una protesta frente al Ayuntamiento, presidido por el partido opositor Unidad Nacional, murieron seis personas quemadas.

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