IX BIENAL SIART: EL QUIEBRE INELUDIBLE DE LA IDENTIDADES

 

Por Mariagrazia Muscatello

 

El complejo mecanismo de las bienales, una dualidad no reconciliable entre una constitutiva decadencia conceptual y al mismo tiempo un éxito comunicacional exponencial, se ha consagrado como el modelo de validación de los discursos artísticos. Todas, con sus diferencias curatoriales locales, comparten una función: la inscripción, aun cuando involuntaria, de estos eventos en una forma de marketing estatal y, por ende, político.

 

Excepción hecha por la Bienal de Venecia que por su historia y sus reformas, la última en los años setenta cuando se desplazó al pabellón de Italia del circuito central de los Giardini, se ha desligado casi por completo de su territorialidad geográfica para afirmarse como el escaparate general del mundo oficialista del arte, el gabinete de comunicación de lo que es una forma de estatalidad no territorial.

Un sistema que repite los mecanismos de un estado no siempre democrático y con el cual comparte iguales burocracias y partidismo, definiendo políticas y bordes de lo que es arte.

La IX bienal de arte boliviana, SIART, es un caso especial dentro de este debate, un oxímoron entre sus mismos objetivos declarados: “Sacar a Bolivia de la periferia del cosmos del arte contemporáneo […], generando códigos propios nutridos de sus raíces, su historia y su realidad social”, y los trabajos presentes. Más allá de querer discutir la definición de conceptos como centros y periferias, la experiencia de esta bienal se puede resumir en un desafío comunicacional que rompe radicalmente con el imaginario colectivo local, una supuesta identidad artística y social elaborada bajo las normas del indigenismo conservador y pacificado de Evo Morales.

 

El mismo título, Ver con los Oídos, expresa claramente esta postura que quiere investigar diferentes relaciones artísticas y conceptuales al límite de la posibilidad de diálogo entre ellas, en un contexto que políticamente se rige sobre una defensa de la identidad étnica, cultural, política y territorial desde el pensamiento de una izquierda maximalista. La caracterización fuertemente política del imaginario artístico boliviano y su abierta contradicción sobre lo que es en definitiva esta identidad, es el punto más interesante de la bienal. Pese a que se construye bajo el mandamiento de la defensa del Estado pluriétnico, sus representaciones indígenas y la voluntad de un alcance comunicativo que logre reafirmar estos valores a nivel internacional, la exposición desafía constantemente esta noción, yuxtaponiendo trabajos artísticos que evidencian una fuerte disgregación interna bajo el umbral de una  unidad transversal.

 

Esto no pasa solo por los equilibrios de representación nacional, donde casi la mitad de los artistas son chilenos, huérfanos de una propia bienal, sino también por el poner en crisis, conscientemente o no, la idea estereotipada del indigenismo desde un lugar altamente institucional. Una provocación que es un componente relevante de numerosos proyectos artísticos de la Bienal, aún cuando abordados por diferentes temáticas. Es evidente en algunos trabajos performativos, muchos de los cuales investigan lo “queer” dentro de la estética chola o folklórica, como Andrés Mallo, artista boliviano que presentó en la residencia Materia Gris una performance sobre la sexualidad dentro de los códigos de referencias estéticos de lo femenino indígena, o los travestis de la Morenada, uno de los bailes del carnaval de Oruro, activistas que desde los años setenta visibilizan las raíces conservadoras de las tradiciones populares y que durante la inauguración en el Museo Tambo Quirquincho, uno de los varios lugares de exhibición de la Bienal, bailaron acompañados por la orquesta municipal, creando un efecto surrealista en estridente contraste con el oficialismo de la ceremonia.

 

 

Romper la ilusión de la heteronormatividad en las culturas indígenas es una labor insurgente y necesaria que también el artista chileno Sebastián Calfuqueo investiga. En su video performance sobre la identidad mapuche, You will never be a Weye, presente en la exposición Dolencia del colectivo curatorial chileno Galería Temporal en el espacio Simón I. Patiño, el artista rescata la existencia de los Machis Weyes, sujetos que no se adecuaban al binarismo de género transitando tanto en lo masculino y lo político, como en lo femenino y lo espiritual, y que fueron exterminados durante la época de la colonización española católica por la instauración de un modelo social patriarcal. Esta búsqueda  genealógica de referentes no identitarios en las culturas originarias es lo que caracteriza también el trabajo de Adriana Bravo, artista boliviana que reflexiona sobre el lesbianismo y el feminismo en la cultura indígena y que para esta Bienal presenta un mural en la fachada del Museo Nacional de Arte sobre una diosa del lago Tikikaka, rescatando la mitología local matriarcal en sustitución a los referentes católicos.

 

Cuestionar desde su pertenencia la representación de los pueblos originarios en Sudamérica y en especial en Bolivia es un proceso que implica un doble tensionamiento. Por un lado, significa romper políticamente con la última utopía identitaria compartida por la izquierda conservadora y la derecha nacionalista: las culturas locales, incluidas las europeas, idealizadas como refugio en contra de los males de la decadencia occidental; por otra parte, causar un conflicto social poniendo en discusión la seguridad de los códigos de referencia populares. Este quiebre no pasa solo por las nociones de post-género, que en el contexto latinoamericano han tomado una nueva fuerza respecto a la institucionalización que ya padecen en Europa o Estados Unidos, sino también por el discurso feminista insertado dentro del contexto indigenista y que todavía sigue siendo un referente ineludible de lucha social.

 
 

El trabajo de Teresa Margolles, Sobre la Sangre, parte de la curaduría principal de Joaquín Sánchez en el Museo Nacional de Arte, se sitúa dentro de la tradición artística y artesanal local. La artista mexicana, en un acto performativo y poético, ha invitado algunas mujeres indígenas a bordar una sábana con la cual se ocultó el cuerpo de una mujer asesinada por violencia de género, procesando en el tiempo del bordado un luto transversal y compartido, implicando en este gesto una profunda conciencia de unión anti-patriarcal. La representación de códigos de referencias populares en un “detournament” de su significado es parte del trabajo de otro colectivo feminista boliviano: Mujeres Creando. Invitadas como parte de la curaduría del Museo Nacional de Arte de La Paz, pintaron en la fachada exterior del museo, que da a los palacios gubernativos más importantes, un mural de denuncia del patriarcado asociándolo de forma intrínseca a la religión católica, a la colonización y a la constitución del estado actual boliviano. Las imágenes de penes asociadas a Jesús y la Virgen y las frases de denuncia que la acompañaban hacían referencia literal a este concepto. Este gesto de provocación explicita causó uno de los pocos casos donde la censura actuó al revés, representando simbólicamente el momento de crisis que probablemente acompaña la ideología moralista.

 

Las artistas han sido agredidas por los transeúntes durante la inauguración del mural de forma tan violenta que la policía tuvo que intervenir para defenderlas. Mientras la gente pedía colectivamente una inmediata censura por obscenidad que al cabo de pocas horas practicaron espontáneamente, escribiendo insultos y blanqueando las pinturas, la policía conformaba un cordón de seguridad para las artistas menos alineadas políticamente. El Estado que defiende su misma denuncia en contra de la censura invocada por sentimiento popular es una cosa inusual o quizás inédita, y es otro oxímoron de esta bienal que hace reflexionar sobre las ocurrencias y los significados de adoptar o aceptar códigos de representaciones en contraste con los valores defendidos.  Este gesto simboliza un quiebre involuntario pero ineludible entre una representación edulcorada, idealizada, del discurso indigenista y las fuerzas disgregadoras e insurgentes presentes que lo ponen constantemente en crisis, aun cuando esto signifique una ruptura social.

 

La bienal respondió a este mismo mecanismo intentando reafirmar el discurso oficialista con la inclusión de algunos trabajos pacificadores, como por ejemplo la joven ganadora del concurso en el Goethe Institut, Eloisa Larrea, sobre la multiculturalidad boliviana, con otros de carácter casi etnográficos, como la artista sueca Liselotte Wajsted, con algunas fotografías de los indígenas de Suecia, con la presencia más silenciosa pero constante de los trabajos no alineados. Estas intersecciones o grietas, como amaba llamarlas Heidegger, son las únicas posibilidades vitales de democracia, y actúan de forma eficaz cuando no son establecidas, cuando se insinúan cuestionando los discursos en los cuales se insertan, obligando a pensar a otras formas de representación.

IX BIENAL SIART: EL QUIEBRE INELUDIBLE DE LA IDENTIDADES

 

Por Mariagrazia Muscatello

 

El complejo mecanismo de las bienales, una dualidad no reconciliable entre una constitutiva decadencia conceptual y al mismo tiempo un éxito comunicacional exponencial, se ha consagrado como el modelo de validación de los discursos artísticos. Todas, con sus diferencias curatoriales locales, comparten una función: la inscripción, aun cuando involuntaria, de estos eventos en una forma de marketing estatal y, por ende, político.

 

Excepción hecha por la Bienal de Venecia que por su historia y sus reformas, la última en los años setenta cuando se desplazó al pabellón de Italia del circuito central de los Giardini, se ha desligado casi por completo de su territorialidad geográfica para afirmarse como el escaparate general del mundo oficialista del arte, el gabinete de comunicación de lo que es una forma de estatalidad no territorial.

Un sistema que repite los mecanismos de un estado no siempre democrático y con el cual comparte iguales burocracias y partidismo, definiendo políticas y bordes de lo que es arte.

La IX bienal de arte boliviana, SIART, es un caso especial dentro de este debate, un oxímoron entre sus mismos objetivos declarados: “Sacar a Bolivia de la periferia del cosmos del arte contemporáneo […], generando códigos propios nutridos de sus raíces, su historia y su realidad social”, y los trabajos presentes. Más allá de querer discutir la definición de conceptos como centros y periferias, la experiencia de esta bienal se puede resumir en un desafío comunicacional que rompe radicalmente con el imaginario colectivo local, una supuesta identidad artística y social elaborada bajo las normas del indigenismo conservador y pacificado de Evo Morales.

 

El mismo título, Ver con los Oídos, expresa claramente esta postura que quiere investigar diferentes relaciones artísticas y conceptuales al límite de la posibilidad de diálogo entre ellas, en un contexto que políticamente se rige sobre una defensa de la identidad étnica, cultural, política y territorial desde el pensamiento de una izquierda maximalista. La caracterización fuertemente política del imaginario artístico boliviano y su abierta contradicción sobre lo que es en definitiva esta identidad, es el punto más interesante de la bienal. Pese a que se construye bajo el mandamiento de la defensa del Estado pluriétnico, sus representaciones indígenas y la voluntad de un alcance comunicativo que logre reafirmar estos valores a nivel internacional, la exposición desafía constantemente esta noción, yuxtaponiendo trabajos artísticos que evidencian una fuerte disgregación interna bajo el umbral de una  unidad transversal.

 

Esto no pasa solo por los equilibrios de representación nacional, donde casi la mitad de los artistas son chilenos, huérfanos de una propia bienal, sino también por el poner en crisis, conscientemente o no, la idea estereotipada del indigenismo desde un lugar altamente institucional. Una provocación que es un componente relevante de numerosos proyectos artísticos de la Bienal, aún cuando abordados por diferentes temáticas. Es evidente en algunos trabajos performativos, muchos de los cuales investigan lo “queer” dentro de la estética chola o folklórica, como Andrés Mallo, artista boliviano que presentó en la residencia Materia Gris una performance sobre la sexualidad dentro de los códigos de referencias estéticos de lo femenino indígena, o los travestis de la Morenada, uno de los bailes del carnaval de Oruro, activistas que desde los años setenta visibilizan las raíces conservadoras de las tradiciones populares y que durante la inauguración en el Museo Tambo Quirquincho, uno de los varios lugares de exhibición de la Bienal, bailaron acompañados por la orquesta municipal, creando un efecto surrealista en estridente contraste con el oficialismo de la ceremonia.

 

 

Romper la ilusión de la heteronormatividad en las culturas indígenas es una labor insurgente y necesaria que también el artista chileno Sebastián Calfuqueo investiga. En su video performance sobre la identidad mapuche, You will never be a Weye, presente en la exposición Dolencia del colectivo curatorial chileno Galería Temporal en el espacio Simón I. Patiño, el artista rescata la existencia de los Machis Weyes, sujetos que no se adecuaban al binarismo de género transitando tanto en lo masculino y lo político, como en lo femenino y lo espiritual, y que fueron exterminados durante la época de la colonización española católica por la instauración de un modelo social patriarcal. Esta búsqueda  genealógica de referentes no identitarios en las culturas originarias es lo que caracteriza también el trabajo de Adriana Bravo, artista boliviana que reflexiona sobre el lesbianismo y el feminismo en la cultura indígena y que para esta Bienal presenta un mural en la fachada del Museo Nacional de Arte sobre una diosa del lago Tikikaka, rescatando la mitología local matriarcal en sustitución a los referentes católicos.

 

Cuestionar desde su pertenencia la representación de los pueblos originarios en Sudamérica y en especial en Bolivia es un proceso que implica un doble tensionamiento. Por un lado, significa romper políticamente con la última utopía identitaria compartida por la izquierda conservadora y la derecha nacionalista: las culturas locales, incluidas las europeas, idealizadas como refugio en contra de los males de la decadencia occidental; por otra parte, causar un conflicto social poniendo en discusión la seguridad de los códigos de referencia populares. Este quiebre no pasa solo por las nociones de post-género, que en el contexto latinoamericano han tomado una nueva fuerza respecto a la institucionalización que ya padecen en Europa o Estados Unidos, sino también por el discurso feminista insertado dentro del contexto indigenista y que todavía sigue siendo un referente ineludible de lucha social.

 
 

El trabajo de Teresa Margolles, Sobre la Sangre, parte de la curaduría principal de Joaquín Sánchez en el Museo Nacional de Arte, se sitúa dentro de la tradición artística y artesanal local. La artista mexicana, en un acto performativo y poético, ha invitado algunas mujeres indígenas a bordar una sábana con la cual se ocultó el cuerpo de una mujer asesinada por violencia de género, procesando en el tiempo del bordado un luto transversal y compartido, implicando en este gesto una profunda conciencia de unión anti-patriarcal. La representación de códigos de referencias populares en un “detournament” de su significado es parte del trabajo de otro colectivo feminista boliviano: Mujeres Creando. Invitadas como parte de la curaduría del Museo Nacional de Arte de La Paz, pintaron en la fachada exterior del museo, que da a los palacios gubernativos más importantes, un mural de denuncia del patriarcado asociándolo de forma intrínseca a la religión católica, a la colonización y a la constitución del estado actual boliviano. Las imágenes de penes asociadas a Jesús y la Virgen y las frases de denuncia que la acompañaban hacían referencia literal a este concepto. Este gesto de provocación explicita causó uno de los pocos casos donde la censura actuó al revés, representando simbólicamente el momento de crisis que probablemente acompaña la ideología moralista.

 

Las artistas han sido agredidas por los transeúntes durante la inauguración del mural de forma tan violenta que la policía tuvo que intervenir para defenderlas. Mientras la gente pedía colectivamente una inmediata censura por obscenidad que al cabo de pocas horas practicaron espontáneamente, escribiendo insultos y blanqueando las pinturas, la policía conformaba un cordón de seguridad para las artistas menos alineadas políticamente. El Estado que defiende su misma denuncia en contra de la censura invocada por sentimiento popular es una cosa inusual o quizás inédita, y es otro oxímoron de esta bienal que hace reflexionar sobre las ocurrencias y los significados de adoptar o aceptar códigos de representaciones en contraste con los valores defendidos.  Este gesto simboliza un quiebre involuntario pero ineludible entre una representación edulcorada, idealizada, del discurso indigenista y las fuerzas disgregadoras e insurgentes presentes que lo ponen constantemente en crisis, aun cuando esto signifique una ruptura social.

 

La bienal respondió a este mismo mecanismo intentando reafirmar el discurso oficialista con la inclusión de algunos trabajos pacificadores, como por ejemplo la joven ganadora del concurso en el Goethe Institut, Eloisa Larrea, sobre la multiculturalidad boliviana, con otros de carácter casi etnográficos, como la artista sueca Liselotte Wajsted, con algunas fotografías de los indígenas de Suecia, con la presencia más silenciosa pero constante de los trabajos no alineados. Estas intersecciones o grietas, como amaba llamarlas Heidegger, son las únicas posibilidades vitales de democracia, y actúan de forma eficaz cuando no son establecidas, cuando se insinúan cuestionando los discursos en los cuales se insertan, obligando a pensar a otras formas de representación.

Miércoles, 09 Noviembre 2016 16:49

Invitación clausura

Eliana Flores / La Paz
 
  Al ingresar al Museo Tambo Quirquincho,  uno observa las antiguas habitaciones que en otros tiempos eran dormitorios, cocinas y almacenes,  y ahora  albergan  diferentes obras de artistas  de España, Chile y Suecia en la muestra  Lo que no vemos. Así comenzó un paseo por las principales exposiciones de la Bienal de Arte SIART 2016, que termina el 11 de noviembre. El recorrido se realizó el viernes 21 de octubre.   
 
Luego, a unos paseos, se encuentra  la  muestra Arte Trans Peruano, de los peruanos Coco Cielo, Pedro Palanca, Javi Vargas, Javier Templen, Misia, Bondage y Carlita Uchu, encabezados por  Giuseppe Campuzano.
 
 En el espacio se observan   los  grabados que retratan al personaje histórico incaico Tupac Amaru maquillado como Marilyn Monroe, la actriz Farrah Fawcett o la famosa cantante peruana Dina Paucar. Sin duda, estas obras representan   una forma artística de poner en vilo la identidad sexual de muchos travestis.   
 
De bajada  por la calle Evaristo Valle, la artista Alexandra Bravo ha sido una de las protagonistas de la Bienal de Arte. La creadora dictó  un taller de Arte Plumario que  duró tres días (18, 19 y 20 de noviembre), en predios de la iglesia de San Francisco. Ese mismo día presentaba los trabajos realizados por los asistentes del curso, entre ellos algunos extranjeros  y estudiantes de la Universidad Pública de El Alto (UPEA).
 
"He trabajado con alumnos y entre las personas privadas  una alemana, también con la U.E. Fernando Bravo de El Alto, donde yo trabajo ad honorem porque la institución lleva el nombre de mi padre”, contó Bravo. 
 
La siguiente parada fue la Casa de la Cultura, que tenía en sus interiores las exposiciones de un concurso internacional. Las muestras denominadas Cuerpo, Comunidad y Memoria estaban separadas en los tres pisos que conformaban el predio.
 
  Las instalaciones hacían  referencias a diferentes puntos de vista de la cotidianidad boliviana.
 
Una de   las propuestas tenía  una visión más cómica. Otros de los trabajos eran  más  abstractos o simplemente un retrato crudo de la simpleza, como es el caso de Blond is Beautiful?, de Sol Mateo, una fotografía con un indígena rubio usando audioparlantes como protagonista.
 
El siguiente punto del recorrido fue el  Museo Nacional de Arte, donde se presenta la exposición  denominada Ver con los oídos, a cargo de un colectivo de artistas bolivianos. La muestra reúne fotografías,   esculturas e instalaciones.
 
En una de las muestras se observaba  una frazada manchada con sangre, de la artista Teresa Margolles. "Frazada que envolvió un cadáver de una persona asesinada en La Paz - Bolivia”, rezaba el texto descriptivo que lo acompañaba. 
 
La Alianza Francesa también forma parte del recorrido que está dentro de la zona central, y es que las distancias entre un museo y  otro no son tan alejadas. En las salas de la Galerie se presenta la muestra Cuerpos Alterados.
 
Esta exposición es una obra colectiva de los artistas Serena Liliana Vargas Camacho, Eloísa Larrea Montaño y Nancy Cronen, resultado de un proyecto de colaboración entre los países de Francia, Alemania y Bolivia. 
 
La primera sala era un pasillo con gradas que albergaba una cantidad de pequeñas fotos  colgadas en la pared, estas recopilaban los 10 días de residencia de los que fueron participantes los tres artistas bolivianos. 
 
Esta residencia estaba a cargo de los curadores Jean-Francois Rettig de Rencontres Internationales (París/Berlín) y Joaquín Sánchez de la Fundación Cinenómada para las Artes.
 
El ingreso a la segunda sala estaba cubierto con un velo negro. Antes de ingresar al lugar  se escuchaba el ruido de un chorro de agua cayendo al suelo, al pasar el umbral se veía un performance en video que era completamente realista, pues la fémina del audiovisual hacía girar una manivela atada a un gancho que sostenía una cuerda que giraba sin cesar. Era la obra Sumergida, de Nancy Cronen.
 
Se observaba también   las fotografías de distintas personas, divididas en tres partes: cabezas, torsos y piernas. Fotos de partes de cuerpos de diferentes personas de la cotidianidad, mujeres, hombres, todos mezclados entre sí. Así estaba compuesta la obra Abigarrado de la artista Eloísa Larrea Montaño.
 
 Un conversatorio en  la Cinemateca Boliviana casi a las 18:00  fue el perfecto refugio para un día lluvioso y la mejor manera de finalizar el día de recorrido.  La directora francesa Claire Denis junto al  cineasta Marcos Loayza dieron la bienvenida a los asistentes. Denis habló y compartió respecto a algunos de sus trabajos, como Chocolat, Materia Blanca y Beau Travail, además se exhibió Los Bastardos.  Así terminó una jornada de descubrimientos y sorpresas. 
Viernes, 04 Noviembre 2016 03:08

Recorrido junto al curador de la bienal

 

¿ Te gustaría hacer un recorrido junto al curador de la bienal por los diversos espacios? Este Viernes 4 de noviembre, partimos a las 10:00 am en el Museo Tambo Quirquincho ¡ No te lo pierdas!
  Entrada Libre

 

 

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Viernes, 04 Noviembre 2016 03:05

MALETÍN DEL PROGRAMA PEDAGÓGICO

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El Programa Pedagógico de la Bienal SIART 2016 'Ver con los Oídos- Poéticas de las Temporalidades', constituye un espacio de convergencia entre arte y educación contemporáneas que, en el contexto de la propuesta curatorial de Joaquín Sánchez, apunta sobre los cuerpos, sus desplazamientos y temporalidades, sus momentos y memorias y busca explorar las tensiones entre el público y la obra abriendo otras posibilidades de diálogos estéticos, bajo la curadoria pedagógica de Tatiana Fernández. Hace parte de la Zona de Conexión Poética en que se proponen mediaciones y prácticas en taller para grupos escolares y visitantes que quieran participar en el Museo Tambo Quirquincho.

 

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Viernes, 04 Noviembre 2016 03:00

Maletín del Programa Pedagógico

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El Programa Pedagógico de la Bienal SIART 2016 'Ver con los Oídos- Poéticas de las Temporalidades', constituye un espacio de convergencia entre arte y educación contemporáneas que, en el contexto de la propuesta curatorial de Joaquín Sánchez, apunta sobre los cuerpos, sus desplazamientos y temporalidades, sus momentos y memorias y busca explorar las tensiones entre el público y la obra abriendo otras posibilidades de diálogos estéticos, bajo la curadoria pedagógica de Tatiana Fernández. Hace parte de la Zona de Conexión Poética en que se proponen mediaciones y prácticas en taller para grupos escolares y visitantes que quieran participar en el Museo Tambo Quirquincho.

 

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Carla Hannover / La Paz

 

Estos días el Museo Nacional de Arte y el Museo Tambo Quirquincho se llenaron de niños y adolescentes de tres colegios paceños: el Saint Andrews, el Walter Strub y el Calvert. Sucede que este año la IX Bienal Internacional de Arte Siart trae un programa de pedagogía del arte dirigido a niños y adolescentes en el que, más allá de explicar el sentido de las obras, se invita a vivir y construir conocimiento a partir de las creaciones y propuestas de los artistas.

 

“Este programa busca trabajar a partir del concepto de espectador emancipado, de Jacques Rancière. Es decir que el espectador, en este caso, los niños y adolescentes bolivianos son participantes de la obra de arte, no solamente como un público que simplemente contempla una obra sino que se relaciona con ésta”, explica Tatiana Fernández, artista plástica y educadora, quien se encargó de la curaduría del programa.

 

Para Fernández, el público es participante de la obra porque deja su registro y su relación con las obras. Para activar el debate entre los niños y adolescentes se ha creado un maletín que tiene preguntas y pequeños textos para que los participantes puedan conversar y debatir sobre lo que han visto en las exposiciones. “Luego pasan al taller donde se hace una práctica creativa con la que busca pensar y reflexionar sobre las propuestas de los artistas, sobre cómo ellos lo ven y cómo se sienten con estas propuestas”.

 

Arte y educación

 

Fernández explica que con este programa también se busca trabajar sobre las tensiones entre arte y educación. “No es un programa pedagógico que busca explicar las obras, por el contrario queremos que el espectador tenga plena consciencia de su relación con la obra”.

Para Fernández el arte contemporáneo es ideal para entablar este tipo de relación, pues es mucho más interactivo. “El arte contemporáneo se relaciona mucho más con el espectador, es mucho más rico para realizar este tipo de trabajos pedagógicos, en cambio el arte moderno es mucho más distante del espectador porque es mucho más contemplativo, es una relación contemplativa aunque también hay una relación interactiva”.

 

Para Fernández es importante cambiar la concepción verticalista que se tiene sobre la pedagogía. “Siempre hasta nuestros días, a pesar de que hay propuestas muy progresistas, mantenemos la pedagogía como una relación del profesor que enseña y que sabe todo y del estudiante alumno que no sabe nada y que es vacío”, dice. En ese sentido, apuesta por el arte contemporáneo pues “renueva la idea es que todos tenemos algo dentro de nosotros que podemos contribuir en la construcción del conocimiento y no es una transmisión de información e ideas sino una construcción colectiva conjunta del conocimiento”.

 

De ahí que su propuesta se adapta plenamente al concepto del espectador emancipado. “El arte contemporáneo nos da la posibilidad de trabajar con la idea de la emancipación del pensamiento dominado, del pensamiento que siempre tiene que ser explicado por alguien más”, señaló mientras invitó a los directores de las unidades educativas bolivianas a

contactarse con los organizadores de la Bienal para participar de este programa junto con sus estudiante.

Carla Hannover / La Paz

 

Estos días el Museo Nacional de Arte y el Museo Tambo Quirquincho se llenaron de niños y adolescentes de tres colegios paceños: el Saint Andrews, el Walter Strub y el Calvert. Sucede que este año la IX Bienal Internacional de Arte Siart trae un programa de pedagogía del arte dirigido a niños y adolescentes en el que, más allá de explicar el sentido de las obras, se invita a vivir y construir conocimiento a partir de las creaciones y propuestas de los artistas.

 

“Este programa busca trabajar a partir del concepto de espectador emancipado, de Jacques Rancière. Es decir que el espectador, en este caso, los niños y adolescentes bolivianos son participantes de la obra de arte, no solamente como un público que simplemente contempla una obra sino que se relaciona con ésta”, explica Tatiana Fernández, artista plástica y educadora, quien se encargó de la curaduría del programa.

 

Para Fernández, el público es participante de la obra porque deja su registro y su relación con las obras. Para activar el debate entre los niños y adolescentes se ha creado un maletín que tiene preguntas y pequeños textos para que los participantes puedan conversar y debatir sobre lo que han visto en las exposiciones. “Luego pasan al taller donde se hace una práctica creativa con la que busca pensar y reflexionar sobre las propuestas de los artistas, sobre cómo ellos lo ven y cómo se sienten con estas propuestas”.

 

Arte y educación

Fernández explica que con este programa también se busca trabajar sobre las tensiones entre arte y educación. “No es un programa pedagógico que busca explicar las obras, por el contrario queremos que el espectador tenga plena consciencia de su relación con la obra”.

Para Fernández el arte contemporáneo es ideal para entablar este tipo de relación, pues es mucho más interactivo. “El arte contemporáneo se relaciona mucho más con el espectador, es mucho más rico para realizar este tipo de trabajos pedagógicos, en cambio el arte moderno es mucho más distante del espectador porque es mucho más contemplativo, es una relación contemplativa aunque también hay una relación interactiva”.

 

Para Fernández es importante cambiar la concepción verticalista que se tiene sobre la pedagogía. “Siempre hasta nuestros días, a pesar de que hay propuestas muy progresistas, mantenemos la pedagogía como una relación del profesor que enseña y que sabe todo y del estudiante alumno que no sabe nada y que es vacío”, dice. En ese sentido, apuesta por el arte contemporáneo pues “renueva la idea es que todos tenemos algo dentro de nosotros que podemos contribuir en la construcción del conocimiento y no es una transmisión de información e ideas sino una construcción colectiva conjunta del conocimiento”.

 

De ahí que su propuesta se adapta plenamente al concepto del espectador emancipado. “El arte contemporáneo nos da la posibilidad de trabajar con la idea de la emancipación del pensamiento dominado, del pensamiento que siempre tiene que ser explicado por alguien más”, señaló mientras invitó a los directores de las unidades educativas bolivianas a

contactarse con los organizadores de la Bienal para participar de este programa junto con sus estudiante.

Una reflexión, desde el SIART que por estos días se efectúa en La Paz, sobre las tan en boga y tan cuestionadas a la vez tendencias de arte ligado, surgido, adaptado a espacios y temáticas étnicas.

 

 

Javier Badani / La Paz

¿Es la apropiación de estéticas indígenas por parte de los artistas una impostura? ¿Fue el arte indigenista un intento de diálogo o una simple representación de lo indígena? Imposible no quedar con estas preguntas rondando la cabeza tras escuchar algunas de las ponencias expuestas en el Congreso Internacional de Arte Contemporáneo que se realizó en La Paz en el marco del programa de la novena Bienal de Arte SIART, que finalizará el 11 de noviembre. 
 
Uno de los paneles más sustanciosos del congreso fue "Arte, memorias, relatos y resignificaciones”, en el que la creación artística desde las estéticas indígenas fue el núcleo de la reflexión.
 
Contestar las preguntas planteadas al inicio de este texto -o calificar su pertinencia o no- requeriría de análisis e investigaciones profundas por parte de expertos del arte. Pero lo que sí podemos intentar desde el llano es dar algunas luces gracias al desafío reflexivo planteado durante el congreso. Y quién mejor para gatillar la reflexión que un artista, en este caso Juan Fabbri, uno de los panelistas que expusieron en el panel: "Arte, memorias, relatos y resignificaciones”. 
 
En su ponencia, el antropólogo visual boliviano se centró en la apropiación por parte de artistas contemporáneos de códigos estéticos indígenas, especialmente aymaras. Vestirse de chola para realizar una performance o utilizar iconografías, palabras o conceptos característicos de los pueblos originarios en una obra son acciones que, para Fabbri, en su gran mayoría, no han logrado generar un diálogo horizontal real con el mundo indígena. 
 
Para Fabbri las expresiones artísticas aún mantienen la impronta de las tendencias europeas y estadounidenses sin lograr aún generar propuestas propias. "El arte sigue sometido a las modas que llegan de afuera”, asegura. Más aún, apunta, "la clase urbana boliviana no ha tenido la capacidad de generar lenguajes propios, por lo que se ha visto obligado a buscar una ‘autoenunciación’, apropiándose para ello de códigos indígenas”. 
 
Cabe entonces preguntarse si desde las propuestas artísticas bolivianas que se han empapado de las aguas del mundo indígena se ha logrado que los "objetos de estudio” se conviertan en sujetos activos y protagonistas, si se generó una aproximación sustancial para la comprensión cultural del "otro” y si se intentó que, a partir de la creación artística -más allá de la representación-, el mundo indígena se autodefina y se autodescriba. Las respuestas parecen ser negativas. 
 
Fabbri apunta que la apropiación de las estéticas originarias por parte de los artistas contemporáneos se enmarca aún en el giro etnográfico que asumió el mainstream del arte en los años 90 y que no se logró generar a partir de ésta una reflexión propia. 
 
La idea del "artista etnógrafo” se instaló con fuerza de la mano del crítico de arte Hal Foster, quien en su libro El retorno de lo real planteaba la existencia de un cambio significativo en el arte contemporáneo de los años 90, que estaría marcado por una tendencia etnográfica. Basado en el interés del artista por un "otro” cultural, este cambio se veía reiterado en una multitud de proyectos que involucraban al artista y a comunidades al margen del sistema imperante del arte.
 
En esa línea de pensamiento, el artista, entonces, no sólo estaría interesado en asuntos sociales o políticos, sino en asuntos identitarios locales, cuestionando los modelos homogéneos. La etnografía, entonces, no conforme con la mera descripción social, se empeña en proporcionar un acceso a la diversidad y su complejidad. No para asumirla desde algún proceso unificador, sino para reconocer las consecuencias prácticas de la diversidad.
 
La curadora Miwon Kwon aportaría señalando que "el artista ya no es percibido como un "hacedor de objetos”, sino como "progenitor de significados”. "Las nuevas condiciones  conducen a otras características, como viajero y observador, exigiendo dotes interpretativas, de búsqueda de significados”.
 
Claro, la teoría atrae. Pero para la investigadora Eva Marxen nada de esto puede tener sentido si es que el artista no trabaja de un modo horizontal. "Elige un sitio, entra en su cultura y aprende su idioma, concibe y presenta un proyecto. De tal modo, artistas y críticos conocen no solo la estructura de cada cultura lo bastante bien para mapearla, sino también para narrarla”, describe en su ensayo  El método etnográfico como estrategia en el arte contemporáneo. 
 
Con todo, el modelo de "artista etnógrafo” planteado por Foster y alimentado por otros pensadores, planteó desde el inicio una serie de riesgos, como bien los enumera la investigadora y docente Carla Macchiavello: la auto-absorción, el narcisismo del yo y ocaso del otro, el adoptar el rol de antropólogo paternalista y hablar por el otro sin una distancia crítica ni cuestionamiento del lugar ocupado por el artista.
 
Quizá parte de estos riesgos puedan aplicarse a la exploración artística que se hizo desde países como Bolivia, Perú, Ecuador y México de la corriente indigenista. En su exposición durante el Congreso Internacional de Arte Contemporáneo, el historiador de arte, curador y crítico Joakim Borda-Perdreira afirmó que el indigenismo, impulsado en el siglo XX, no fue en realidad un movimiento estético pensado con las poblaciones indígenas. "Los artistas indigenistas no proponían un arte indígena, se dedicaban y aprovechaban del fetichismo del primitivismo indígena”, expresó.
 
Durante su exposición, Borda-Pereira presentó la experiencia de artistas indígenas sami (Noruega) que han logrado generar una propuesta basada en su identidad y códigos. De igual manera, explicó, los sami lograron que el Estado les provea de infraestructura, como ser galerías de exposición y museos propios. El curador señaló que, sin embargo, este hecho provocó rechazos dentro de las propias comunidades artísticas sami. "Muchos consideran que el ser encasillarlos como artistas sami los aleja de ser parte de un movimiento universal del arte contemporáneo”.
 
La crítica a la apropiación de las estéticas indígenas por parte de los artistas no gira en torno al acto en sí de la apropiación. Esto no es ninguna novedad en el devenir histórico del arte (ya en la antigüedad el arte era la mímesis de la naturaleza). Lo que se pone en tela de juicio es el hecho de la mayoría de las propuestas artísticas no pasan de la simple anécdota. No logran transmitir al "otro” en tanto sus relaciones humanas y su contexto social  no se crean posibilidades de intercambio real ni se involucra horizontalmente al "otro” cultural en el proceso de autorreflexividad. Más aún, muchas de ellas son creadas desde la distancia y bajo el encuadre de una mirada citadina que no se toma la molestia de profundizar. 
 
Son múltiples las aristas para la reflexión. Quizás sea de una ingenuidad supina el creer que el acto de "artistificar” debe ser un mecanismo de mediación. Lo evidente es que la realidad sobrepasará siempre la intención del arte por abordarla y aun así es solo a partir del arte que la sociedad se permite imaginar nuevas formas de entender la compleja y rebelde naturaleza del mundo.
 
Breve guía conceptual de la bienal
 
Exposiciones e intervenciones a cargo de 200 artistas de cinco continentes, concursos, un congreso internacional con charlas magistrales y talleres, programas sobre pedagogía del arte para niños y la segunda versión del Festival de cine Alucine, todo esto trae la novena versión de la Bienal SIART 2016.  
 
Durante un mes, el evento, que se inauguró el 11 de octubre, tomará todos los espacios tradicionales del arte, y otros alternativos, de La Paz para reflexionar en torno al eje temático: Ver con los oídos: poéticas de las temporalidades. 
 
"Se busca comprender los tiempos que hay dentro de los tiempos. Esta línea es el gran marco conceptual en el que se ancla esta propuesta de la bienal”, explica Joaquín Sánchez, curador de SIART 2016, quien este año asumió el desafío de plantear una renovación integral de este evento, por lo que llegará también con actividades paralelas a El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.
 
Ver con los oídos: poéticas de las temporalidades plantea volver la mirada hacia adentro y reflexionar sobre aquello que se alberga en el interior. "Queremos redefinirnos a partir de esas características particulares que nos hacen como cultura. Pero, también buscamos salir de la corporalidad y de las formas. De ahí que el desafío tanto para los artistas que participan de la bienal como para los espectadores será: ¿cómo nos vemos con los oídos o como escuchamos con los ojos”, agrega Norma Campos, directora de la bienal. 
 
Según el curador, estos dos ejes articulan a su vez otras tres líneas conceptuales sobre las que trabajan los más de 200 artistas que participan. "La primera tiene que ver con el cuerpo y en ella hay una reflexión sobre cómo nos vamos conociendo, quiénes somos y dónde estamos; la segunda tiene que ver con la comunidad y aquí se piensa en los desplazamientos, cómo se conecta lo rural con lo urbano, cómo es que somos parte de una comunidad y cómo vivimos con el otro. Mientras que la tercera línea tiene que ver con la memoria y en ésta se busca reflexionar a partir de la escritura, la parte histórica y ver qué queremos contar o recontar”. 
 
Este 2016, la Bienal SIART celebra su novena versión como un espacio de reflexión, diálogo e integración a través del arte contemporáneo. Campos recuerda que fue creada en 1999 inicialmente como Salón Internacional de Arte. A partir del 2005 tomó un nuevo rumbo y se convirtió  en Bienal Internacional de Arte. "A diferencia de anteriores ediciones, este año la bienal busca consolidarse como el encuentro de arte contemporáneo más importante de Bolivia.
 
Además, queremos establecernos como uno de los eventos  más importantes de arte de la región. En ese sentido se alista una serie de actividades paralelas que se suman a las exposiciones programadas”, agrega.   
 
Como parte de las actividades de la bienal se tendrá exposiciones de artistas y curadores invitados, en la cual se destaca la presencia de  Andrés Bedoya (Bolivia), Adriana Bravo (Bolivia), Rodrigo Bellot (Bolivia), Teresa Margolles (México), Fiona Clark (Nueva Zelanda), Nilbas Gures (Turquía), Francis Alys (España), Adriana Almada (Paraguay), Artemio Narro (México), Isabel Muñoz (España), Bernardo Oyarsun (Chile), Elvira Dyanganiose (África), Cecilia Vicuña (Chile), Francis Naranjo (España), LottyRosenfeld (Chile), Lenora de Barros (Brasil), Joakim Borda (Noruega), Emilia Skarnulyte (Lithuania), TanyaBusse (Canadá),  Joar Nango (Noruega), Inés Ortega (España), Jorge Días (Mozambique) y Mamadou Gomis (Senegal), entre muchos otros.
 
Javier Badani  periodista.
Pagina Siete
Domingo, 23 de octubre de 2016